Hans Wilsdorf soñaba con que el reloj de pulsera tomara parte en el impulso de modernidad que transformaba la sociedad de principios del siglo XX, hasta convertirse en su símbolo. Lo logró
Oyster Story: Cien años de un símbolo
Por Esteña Press
OYSTER STORY: CIEN AÑOS DE UN SÍMBOLO
«Tenía todo el futuro y el mundo entero por delante» Hans Wilsdorf, 1956
Cien años de excelencia relojera
Hans Wilsdorf soñaba con que el reloj de pulsera tomara parte en el impulso de modernidad que transformaba la sociedad de principios del siglo XX, hasta convertirse en su símbolo. Lo logró: lo hizo tan preciso como un cronómetro marino a pesar de su tamaño reducido, y protegió su mecanismo de toda intrusión.
En 1926, la invención del Oyster marcó un punto de quiebre: el primer reloj de pulsera hermético, protegido del agua y del polvo gracias a un bisel, fondo y corona enroscados a la carrura. Cinco años después, en 1931, el rotor Perpetual —cuerda automática inédita— perfeccionó su rendimiento. Preciso, hermético y autónomo, el Oyster se convirtió en Perpetual y le dio a quien lo llevaba libertad de movimiento absoluta.
De esa matriz original nacieron nombres hoy ineludibles en la alta relojería: el Explorer, el Milgauss, el GMT-Master, el Submariner, el Cosmograph Daytona, el Yacht-Master. Cada uno respondió a una exigencia propia —resistencia a la presión y al magnetismo, biseles giratorios graduados, cronógrafo, segundo huso horario— y todos se convirtieron en referencias absolutas.
Un legado en la muñeca de figuras excepcionales
«La prueba de todas las pruebas»: así describía Wilsdorf su convicción de que la excelencia solo se demuestra sobre el terreno. Esa filosofía se materializó en 1927, cuando la nadadora británica Mercedes Gleitze cruzó el canal de la Mancha con un Oyster en la muñeca y demostró su hermeticidad ante el mundo.
Aquella travesía abrió el camino a un siglo de alianzas con personalidades de excepción. El Oyster acompañó expediciones de exploración, científicas y de aventura en los entornos más hostiles del planeta, pruebas que permitieron a Rolex perfeccionar sus relojes y forjar vínculos duraderos con quienes amplían los límites del conocimiento humano.
Ese legado sigue, hoy, en el centro de los compromisos de la marca, presente tanto en sus alianzas deportivas como en sus vínculos con artistas, instituciones culturales, referentes de la exploración, la ciencia y la defensa medioambiental.
Una edición conmemorativa
Este año, Rolex convierte a su reloj más esencial, el Oyster Perpetual, en el símbolo de la celebración. El Oyster Perpetual 41 llega en versión Rolesor amarillo —caja y brazalete de acero Oystersteel combinados con bisel y corona de cuerda en oro—, un guiño directo a los primeros relojes Oyster.
Los detalles del centenario son discretos, como corresponde a una pieza que no necesita levantar la voz: el «100» acuñado en la corona de cuerda, y en la esfera pizarra, «100 years» ocupando el lugar habitual de «Swiss Made», a las 6 horas. El nombre «Rolex» y los pequeños cuadrados de la minutería aparecen en verde, color emblemático de la casa.
La nueva certificación Superlative Chronometer
En 2026, Rolex refuerza su compromiso con tres nuevos criterios: resistencia al magnetismo, fiabilidad y sostenibilidad, este último transversal a las etapas de diseño y fabricación. Se suman a los instaurados en 2015 —precisión, hermeticidad, cuerda automática y autonomía—, evaluados sobre el reloj terminado.
La certificación se somete al control de organismos suizos independientes de reconocimiento internacional, y se simboliza mediante un sello verde que garantiza, pieza por pieza, los siete pilares de la excelencia relojera según Rolex.
Una exposición itinerante
Rolex celebra el nacimiento del Oyster con «Oyster Story», exposición dedicada a sus orígenes. Entre el 10 y el 28 de junio, el West Bund Dome de Shanghái reunió piezas de colección, relojes históricos, modelos actuales e instalaciones inmersivas, en un relato sobre cómo una intuición audaz redefinió el mundo relojero.
Acerca de Rolex
Rolex es una manufactura relojera suiza integrada e independiente, con sede en Ginebra, reconocida en el mundo entero por su savoir-faire y la calidad de sus productos. Cada movimiento de sus relojes Oyster Perpetual y Perpetual es certificado y puesto a prueba para verificar precisión, prestaciones y fiabilidad, bajo el sello verde Superlative Chronometer.
Desde su fundación, la marca ha depositado más de 700 patentes. Fabrica, en sus cuatro sedes suizas, la mayor parte de los componentes de sus relojes —desde la fundición del oro hasta el ensamblaje final—, y construye una quinta sede, también en Suiza, prevista para 2029. Más allá de la manufactura, Rolex se implica con las artes, el deporte, la exploración y la conservación del planeta.

















