Economía

El giro de Warsh, el derrumbe del petróleo y la sacudida del Nasdaq: el mercado global en tensión

Comparte el artículo:

Bueno, durante las últimas semanas, los mercados internacionales se movieron como si alguien hubiese cambiado de golpe la música en una fiesta.

La tendencia que está cambiando la planificación patrimonial
FORO ESTENA Guillermo Pagés: Más que un Aeropuerto
Foto del avatar
Soy tu oráculo en análisis económico global, planificación patrimonial, y estrategias fiscales avanzadas.
Redes Sociales

El giro de Warsh, el derrumbe del petróleo y la sacudida del Nasdaq: el mercado global en tensión

Es increíble todo lo que sucedió en el último mes. ¿Recuerdan que en la nota anterior hablamos de todos los riesgos a los que estaba expuesto el mercado, pero que se ignoraban? Bueno, durante las últimas semanas, los mercados internacionales se movieron como si alguien hubiese cambiado de golpe la música en una fiesta. Todo parecía seguir el ritmo conocido de los últimos meses que veníamos comentando en las notas: la narrativa de la inteligencia artificial, la liquidez abundante, el petróleo firme, la idea de que la Fed estaba a un par de reuniones de empezar a recortar tasas; hasta que una serie de eventos desacomodó a todos los bailarines al mismo tiempo. Quedaron todos en off side, y todavía el mercado está buscando su lugar de comodidad.

El primero en alterar el clima fue Kevin Warsh, al frente de su primer test como Presidente de la Fed, con un discurso que sonó más a advertencia que a análisis. Su mensaje, seco y quirúrgico, insinuó que la Reserva Federal no tenía apuro en aflojar y que, si la inflación volvía a mostrar los dientes, no dudaría en mantener las tasas altas por más tiempo del que el mercado estaba dispuesto a tolerar. Bastó eso para que los futuros de tasas se reacomodaran como fichas de dominó y el dólar recuperara un protagonismo que muchos creían dormido. Para que tomen dimensión de lo sucedido, del Comunicado anterior (emitido por Powell), dejo ¡solo una línea! Warsh está convencido de que la Fed “anterior” era demasiado explícita en sus comentarios, y eso hacía que el mercado descontara sus acciones al pie de la letra. Como si la Fed quisiera guiar al mercado con cada información difundida, y el mercado se volvió adicto a esa información, sobre todo los dot plots (estimaciones de tasa). Ahora Warsh cambió todo, y va a ser mucho menos explícita, solo con conferencias de prensa cuando sea importante, y con comunicados mucho más breves. En pocas palabras, la Fed nos va a empezar a sorprender, y eso no le gustó nada al mercado, lo incomodó, y aún se sigue acomodando.

Mientras los operadores digerían ese giro hawkish, otro golpe llegó desde el mercado energético. El petróleo, que venía sosteniéndose con cierta dignidad mientras se mantenía el conflicto bélico con Irán, entró en una caída abrupta. El Brent retrocedió más de lo que cualquier analista conservador hubiese proyectado, arrastrado por señales de sobreoferta, dudas sobre la demanda global y ventas técnicas que aceleraron el derrumbe. El WTI perforó niveles que parecían pisos psicológicos. La sensación era la de un mercado que, de pronto, había perdido la fe en su propio equilibrio. Las aerolíneas celebraban en silencio; las petroleras, no tanto. Y acá debemos detenernos un ratito, porque hace tan solo 2 meses el mercado estaba lleno de analistas que veían el petróleo en u$s 120 usd. Es cierto que nunca nadie se había “entrometido” con el Estrecho de Ormuz, pero es increíble como Wall Street se da vuelta como una media en 2 minutos, y aquí estamos para alertar de estos cambios estructurales en la música de los mercados. Se acabó la guerra, se acabaron las presiones inflacionarias (de hecho la inflación salió más baja de lo esperado y los breakevens de inflación ya volvieron a niveles cercanos al 2%), por lo que esa etapa está concluida, en línea con lo que veníamos esperando de parte de Trump, ya que se acercan las elecciones de medio término y nadie quiere que sus votantes acudan a las urnas con una guerra en las noticias.

Pero el verdadero temblor vino del Nasdaq. La volatilidad se instaló como un huésped incómodo y empezó a cuestionar el corazón del rally global: el trade de inteligencia artificial. Las megacaps, que durante meses habían sido refugio y motor, se volvieron vulnerables y fueron el epicentro de los ataques. Los semiconductores sufrieron ventas violentas, especialmente en Asia, donde gigantes como Hynix y Samsung vieron retrocesos de dos dígitos. La idea de que el mercado había sobreinvertido en capacidad empezó a circular con fuerza, y por primera vez en mucho tiempo se escuchó un murmullo que parecía prohibido: ¿y si el entusiasmo por la IA estaba un poco adelantado a los hechos?

Hasta acá el mercado se movió con una lógica clarita: le pegaron con fuerza a las MEGA 7 porque son las que invierten mucho capital en IA y pagaron a las beneficiarias de ese cash. Ahora me parece que el mercado podría empezar a revertir este trade porque hay acciones, como Microsoft o Google que quedaron muy baratas cotizando a precios que no veían desde el 2025 y ratios que no tienen desde la pandemia.

Ese cóctel (Warsh, petróleo, Nasdaq) activó un clásico conocido: el modo risk-off. El dólar se fortaleció como en los viejos tiempos, los rendimientos de los bonos estadounidenses subieron y los flujos comenzaron a retirarse de los mercados emergentes. Monedas como el real, el won y el peso chileno se depreciaron sin demasiada resistencia. Los ETFs de emergentes retrocedieron de manera consistente, como si el mercado hubiese recordado de golpe que, cuando la liquidez se encarece, el riesgo deja de ser un activo deseable.

Europa aportó su cuota de incertidumbre. Los PMIs volvieron a mostrar señales de estancamiento y las tensiones políticas en Francia y Alemania sumaron volatilidad a los bonos soberanos. El euro, debilitado, acompañó el movimiento global hacia el dólar. China, por su parte, siguió atrapada en su propio laberinto: estímulos que no alcanzan, un mercado inmobiliario que no encuentra piso y un yuan bajo presión constante. El gigante asiático dejó de ser un motor y pasó a ser un interrogante.

Así, en apenas 45 días, el mercado internacional pasó de la euforia contenida a una especie de introspección forzada. La narrativa cambió: ya no se trata solo de cuánto puede subir la tecnología o de cuándo recortará la Fed, sino de si el mundo está entrando en una fase donde la volatilidad deja de ser un accidente y se convierte en el paisaje. Todo lo que ocurrió, desde el discurso de Warsh hasta el derrumbe del petróleo y la sacudida del Nasdaq, dejó la sensación de que el mercado está buscando un nuevo equilibrio, uno que todavía no encuentra, pero que empieza a insinuarse en cada rueda, en cada dato, en cada movimiento brusco que recuerda que, en el fondo, nunca nada es tan estable como parecía.

Veremos que nos deparará Julio, que si bien promete seguir con niveles altos de volatilidad, me parece que ya deberían ir sacando el pie del acelerador. El mundial de fútbol con Estados Unidos como protagonista, las elecciones de medio término en USA que se aproximan, y el enfriamiento de las tensiones geopolíticas podrían ser la excusa para que la “bolsa tradicional” vuelva a escena, y esto sería de la mano de las grandes empresas tecnológicas que han sido vapuleadas los últimos días.

No se olviden de escribirme a oraculodeleste@gmail.com con preguntas y comentarios. En general gran parte de la nota está hecha en base a sus consultas. Hasta la próxima.



Por:
tu negocio en

Los más leídos

Continúa leyendo en Esteña Press