Bienestar

El arte de habitar el cuerpo: Lo que te llevás de la clase

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A veces, en medio de una clase, algo se vuelve evidente. Descubrimos que estamos conteniendo la respiración para hacer un esfuerzo, que un pie se apoya distinto del otro o que podemos resolver un movimiento con menos tensión.

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EL ARTE DE HABITAR EL CUERPO

Lo que te llevás de la clase

CAPÍTULO 4

A veces, en medio de una clase, algo se vuelve evidente. Descubrimos que estamos conteniendo la respiración para hacer un esfuerzo, que un pie se apoya distinto del otro o que podemos resolver un movimiento con menos tensión. Alguien nos guía, probamos una variante y sentimos una diferencia.

Después termina la clase. Nos ponemos los zapatos, buscamos el teléfono y salimos a seguir con el día. ¿Qué pasa con eso que acabamos de descubrir?

La clase ofrece un espacio particular: durante un rato podemos prestar atención, explorar y reconocer maneras de movernos que habitualmente pasan inadvertidas. Hay tiempo para detenerse, repetir, preguntar. Para percibir algo que,entre las obligaciones y el apuro, rara vez observamos.

Esa hora tiene valor en sí misma. Pero también puede ser el punto de partida de un aprendizaje que encuentre lugar en nuestra vida cotidiana.

Tal vez en clase notamos cuánto tensamos los hombros al mover los brazos. Más tarde, frente a la computadora,reconocemos esa misma tensión. O descubrimos que podemos agacharnos de una manera diferente y nos acordamos al recoger una bolsa del piso. Algo que parecía pertenecer a un ejercicio empieza a tener sentido en otra situación.

Ahí aparece una oportunidad: probar lo aprendido en el momento en que puede servirnos.

No necesitamos llevarnos toda la clase a casa. Podemos elegir una sola cosa. Observar si contenemos el aire al levantar algo. Prestar atención al apoyo de los pies mientras caminamos. Cambiar de posición después de un largo rato frente a una pantalla.

Tampoco se trata de vigilar cada gesto ni de buscar una postura perfecta para sostener durante todo el día. Esa atención puede ser breve, curiosa, sin juicio. Darnos cuenta, explorar otra posibilidad y continuar con lo que estamos haciendo.

Porque comprender una indicación y hacerla propia son procesos distintos. Podemos entender perfectamente lo que nos explican y, aun así, volver a nuestra manera habitual de movernos en cuanto la atención se dirige hacia otra cosa.Necesitamos oportunidades para volver a probar, en situaciones diferentes y a lo largo del tiempo.

Lo cotidiano está lleno de esas oportunidades: subir una escalera, alcanzar un estante, cargar las compras, levantarnos de una silla. Acciones que ya forman parte de nuestra vida y en las que podemos reconocer algo de lo que trabajamos en clase.

Con la práctica, algunas de esas posibilidades pueden volverse más familiares, más disponibles. El aprendizaje empieza a acompañarnos incluso cuando nadie está dando una indicación.

Como docente, me interesa lo que sucede durante la clase y también lo que cada persona logra llevarse de ella. Que un ejercicio ayude a comprender un gesto. Que una sensación despierte una pregunta. Que un descubrimiento encuentre una aplicación fuera del estudio.

Quizás, al terminar la próxima clase, podamos preguntarnos: ¿qué descubrí hoy que podría acompañarme el resto del día.

Erica Karlen
Hace más de dos décadas acompaño a personas de todas las edades a descubrir cómo el movimiento puede transformar mucho más que el cuerpo. En esta columna compartiré conocimientos y reflexiones para entender cómo movernos mejor, vivir con mayor autonomía y cuidar nuestra salud desde una mirada basada en la experiencia y la evidencia.
@corepilatespunta | 099 974 804 | @lecolepde

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