Cultura

Cuando los museos construyen ciudades

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Desde Roma, donde protagonizó su exposición antológica Scolpire la luce (Esculpir la luz) en la histórica Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo, Pablo Atchugarry anunció en una entrevista con Fernán Cisneros, de El País, que el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA) se expandirá con la construcción de un nuevo edificio.

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CUANDO LOS MUSEOS CONSTRUYEN CIUDADES

¿Por qué los museos siguen creciendo en plena era digital?

Desde Roma, donde protagonizó su exposición antológica Scolpire la luce (Esculpir la luz) en la histórica Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo, Pablo Atchugarry anunció en una entrevista con Fernán Cisneros, de El País, que el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA) se expandirá con la construcción de un nuevo edificio. “Es para seguir apostando al Uruguay y ampliar los espacios de la colección permanente”, dijo el artista.

Sin duda, una excelente noticia para Punta del Este y para la cultura uruguaya. Pero el proyecto de expansión del MACA no es algo aislado: forma parte de un fenómeno global. En distintos lugares del mundo, los museos viven un florecimiento sin precedentes, impulsado por inversiones millonarias. ¿Cómo se explica este auge en plena era digital?

Multitudes sacando fotos a la Gioconda en el Museo del Louvre, París / Chicago Tribune

NADA COMO ESTAR AHÍ 

Los números del turismo cultural en 2025 son contundentes: el Louvre recibió 9 millones de visitantes, el Met superó los 5,5 millones, y el Prado cerró con 3,65 millones, su récord histórico por tercer año consecutivo.

Después de la pandemia muchos auguraron el fin de los museos: todo sería digital. Ocurrió lo contrario: lo virtual y lo presencial se potenciaron.

Hoy podemos recorrer el Louvre, el Prado o el Met desde el celular. Miles de obras a un clic. Pero hay algo que la pantalla no logra transmitir. ¿Qué se pierde cuando no estamos frente al original?

Entrar a un museo todavía invita a detener el tiempo. Como entrar a un templo: uno baja la voz, camina más despacio, mira con otra atención. Solo estando ahí, cara a cara con la obra, se perciben la escala, las pinceladas, la textura, esa presencia casi mágica de un objeto cargado de historia.

Es una forma de meditación, aunque a veces se mezcle con impulsos más terrenales: calcular el precio incalculable de una obra, imaginar qué podríamos comprarnos con ese dinero, o sucumbir a otro ritual contemporáneo: la foto que prueba que estuvimos ahí. En un mundo saturado de imágenes, estar presente se volvió el verdadero lujo —aunque muchas veces necesitemos subir la foto compulsivamente a nuestras historias de Instagram y debamos sortear colas interminables bajo el sol.

Por más que no seas un fanático del arte, una visita a Madrid quedaría incompleta sin pasar por el Prado. Lo mismo sucede en París con el Louvre: ver la Gioconda —o al menos intentar sacarse una foto con ella entre una multitud de celulares— ya forma parte del ritual del viaje.

Las redes sociales pueden funcionar como anzuelo, pero la experiencia presencial sigue ganando por goleada.

Y ese deseo de estar presente —de contemplar, viajar, cumplir con los «Top 10» y compartirlo en redes sociales— es, en parte, lo que está llenando las salas e impulsando nuevas ampliaciones.

Museo Guggenheim Bilbao

1997, BILBAO

El caso más paradigmático del cambio que puede provocar un museo en una ciudad es el Guggenheim de Bilbao. En 1997, una ciudad industrial en crisis inauguró el espectacular edificio diseñado por Frank Gehry, bajo el sello de una marca cultural que ya tenía su casa matriz en la Quinta Avenida de Nueva York y una presencia histórica en Venecia, a través de la Colección Peggy Guggenheim.

En su primer año recibió alrededor de 1,3 millones de visitantes. Nació así el famoso “efecto Bilbao”: la demostración de que un museo audaz puede regenerar una ciudad entera, tanto económica como simbólicamente.

Desde entonces, este lucrativo modelo de franquicias artísticas se siguió exportando casi como una cadena de tiendas de lujo:

El Louvre ya tiene su deslumbrante sede funcionando en Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos y el Guggenheim está por terminar los últimos detalles de otra monumental sede allí mismo, en la isla de Saadiyat. 

Por su parte, el Centro Pompidou de París —que cerró recientemente sus puertas por cinco años de refacciones masivas— ya se había expandido a España y ahora se prepara para abrir otra sede en Foz do Iguaçu, en la Triple Frontera.

En el siglo XXI, el arte contemporáneo, los negocios, el mecenazgo, el turismo y los proyectos inmobiliarios están profundamente entrelazados.

Emma Chamberlain / MET Gala 2026 / Mugler / Tributo a Van Gogh / Glamour Magazine UK

MUCHO MÁS QUE SUMAR SALAS Y METROS

La expansión de los grandes museos del mundo no se mide solamente en edificios nuevos ni en más metros cuadrados. Crecen en superficie, pero también expanden su función original: ya no se limitan a conservar y exhibir obras, sino que ofrecen nuevas propuestas, experiencias y contenidos. Desarrollan programas educativos, organizan exposiciones de gran convocatoria, incorporan restaurantes de primer nivel y ofrecen conferencias, fiestas, conciertos y actividades que trascienden el mundo del arte.

Buscan seducir, atraer, educar e invitar a quedarse en sus salas a públicos cada vez más amplios y diversos. Compiten por captar tiempo, atención y experiencias en un mundo saturado de estímulos.

Madonna / MET Gala 2026 / Saint Laurent / Homenaje a Leonora Carrington / Vogue México

Un ejemplo claro es la Met Gala del Metropolitan Museum de Nueva York, que este año en el mes de mayo acompañó la exposición Costume Art con el dress code “Fashion is Art”. Mucho más que una alfombra roja, el evento se ha convertido en un fenómeno cultural global. Durante semanas, millones de personas siguen las imágenes de las celebridades, comentan sus vestidos y sus trajes y, casi sin darse cuenta, terminan hablando del museo, de su exposición anual y del arte.

El Metropolitan transforma una gala benéfica en una poderosa plataforma cultural. Más allá del glamour, consigue que personas que probablemente nunca visitaron un museo terminen hablando de historia de la moda, diseño, creatividad y exposiciones. O, por lo menos, del último look de Bad Bunny y de esa pregunta inevitable: “¿pero qué se puso?”. Primero entramos por el asombro, el meme o el juicio instantáneo —“qué ridículo”— y después, casi sin darnos cuenta, el museo —y el arte— ya están instalados en la conversación cotidiana.

UNA PERLA MÁS PARA UN PROYECTO ICÓNICO

En medio de este boom global de museos, no sorprende tanto que el MACA haya anunciado que construirá un nuevo edificio de 2.000 metros cuadrados diseñado por Carlos Ott, junto al escenario al aire libre, con una vista privilegiada al atardecer. 

Lo que sí sorprende —y emociona— es la energía de Pablo Atchugarry. A esta altura de su trayectoria, después de haber inaugurado en Roma una exposición antológica que él mismo considera uno de los hitos de su trayectoria, no aparece mirando hacia atrás, sino imaginando el próximo edificio, la próxima etapa, la próxima apuesta por Uruguay.

Conozco ese parque perfectamente. Al atardecer, cuando se va poniendo el sol, la luz baja y las esculturas comienzan a tener vida propia, el lugar se vuelve mágico. Agregar un edificio con vista a ese espectáculo incomparable, que puede competir con la mejor obra de arte, no es un detalle menor: es enriquecer toda la experiencia de la visita al parque de esculturas.

El timing es además muy simbólico: en 2027 el MACA cumplirá cinco años y la Fundación Atchugarry veinte. Un doble aniversario que invita a pensar en grande.

LA IDENTIDAD ARTÍSTICA DE PUNTA DEL ESTE

Mucho antes del MACA, Punta del Este ya había construido su identidad artística.

Casapueblo, la casa taller del recordado artista Carlos Páez Vilaró, —esa locura hermosa que fue creciendo como un organismo vivo durante décadas– es una visita imprescindible. El Museo Ralli, con su impactante arquitectura, sus salas, sus jardines y su entorno tan especial, también forma parte de esa identidad.

Hombre emergiendo a la vida, la célebre escultura del chileno Mario Irarrázabal —conocida popularmente como La Mano o Los Dedos— emerge desde 1982 de la arena de Playa Brava como una de las imágenes más icónicas de Punta del Este. Fue fruto de una iniciativa pública: el Primer Encuentro Internacional de Escultura Moderna al Aire Libre. Hoy sigue siendo lugar de peregrinaje obligado para esa foto que confirma: llegaste a Punta.

UNA CIUDAD TAMBIÉN SE CONSTRUYE CON CULTURA

Bienvenida sea esta expansión del MACA, un nuevo hito para la cultura uruguaya y para la historia artística del Este. Pero también una invitación a pensar más allá del edificio.

Punta del Este ya tiene belleza natural, inversiones, visitantes y una escena artística en crecimiento. Lo que todavía parece faltar es una articulación más firme entre los actores culturales y una conciencia pública más clara del valor estratégico que el arte y la cultura pueden tener para el futuro del Este. Los Emiratos Árabes Unidos lo entendieron. Bilbao lo entendió. Miami lo entendió.

La expansión del MACA es un buen punto de partida, no un punto de llegada. Un nuevo edificio no es una política cultural. La pregunta sigue abierta: ¿puede Punta del Este sostener un proyecto artístico más allá del verano?

Pero algo sí es cierto: alguien —con nombre, apellido, prestigio internacional, fondos propios y el respaldo de los mecenas que lo siguen— decidió seguir apostando muy fuerte al Uruguay cultural. Al Este. Ahora.

Quizás se trate de eso: lograr que más actores —públicos y privados— se sumen a este tren virtuoso. Porque una ciudad puede crecer indefinidamente en metros, torres y proyectos, pero su verdadera identidad también se construye con cultura.



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