Por primera vez en la historia, en una misma empresa conviven cuatro generaciones: los baby boomers, la generación X, los millennials y la Z.
Por Julieta Sullivan
Hablemos de Liderazgo
Cuatro generaciones, un mismo equipo
Si te pregunto cuál es el mayor desafío del liderazgo hoy, probablemente me digas: la inteligencia artificial. Y entiendo. Pero yo te diría que hay algo más complejo, y que pasa desapercibido en la mayoría de las organizaciones.
Por primera vez en la historia, en una misma empresa conviven cuatro generaciones: los baby boomers (1946-1964), la generación X (1965-1980), los millennials (1981-1996) y la Z (1997-2012). Cuatro grupos con historias diferentes, valores distintos y formas de entender el trabajo que a veces parecen incompatibles. Gestionar eso —y hacerlo bien— es uno de los desafíos más grandes que tienen los líderes hoy.
Y no es menor. De esto depende el engagement, la cultura y los resultados.
Yo soy generación X. Valoramos la autonomía, el pragmatismo, el feedback directo. No nos gusta que nos microgestionen. Los baby boomers, en cambio, traen décadas de experiencia, respeto por la jerarquía y una lealtad que ya no abunda. Los millennials buscan propósito, entornos colaborativos y líderes que los acompañen como mentores. Y la Z —que ya está llegando con fuerza— quiere inmediatez, transparencia y que el trabajo tenga impacto real en el mundo.
Cuatro formas de ver el trabajo. Cuatro expectativas distintas. Un mismo equipo.
¿Imposible de manejar? No. Pero requiere una habilidad que no siempre nos sale fácil: adaptar el estilo de liderazgo según la persona. No el mensaje, no los valores, no los estándares. El estilo. Cómo me comunico, cómo reconozco, cómo doy feedback.
Con un boomer, el reconocimiento público y la valoración de su trayectoria importan mucho. Con un X, basta con darle autonomía y claridad en los objetivos. Con un millennial, el propósito tiene que estar presente en cada conversación. Y con un Z, si no hay feedback inmediato y proyectos con impacto visible, el engagement se cae rápido.
Lo que aprendí trabajando con líderes de todo tipo es que la clave no está en tener una receta para cada generación. Está en escuchar. En ver a la persona que tenés enfrente, entender qué la mueve y conectar desde ahí.
La diversidad generacional, bien gestionada, es una ventaja enorme. Junta experiencia con energía, memoria institucional con mirada fresca, solidez con velocidad. Cuando eso fluye, el equipo se vuelve mucho más que la suma de sus partes.
Julieta Sullivan
Directora Independiente & Coach Ejecutiva de Mujeres en posiciones de liderazgo

















