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El poder de la tribu

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Sin embargo, a veces se da un raro fenómeno, en que ciertos grupos humanos empiezan a funcionar como una unidad.

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Soy Florencia. La primera mujer presidente de la Liga de Punta del Este. Amante de las artes, la palabra escrita, el intercambio y la gestión cultural.
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El poder de la tribu

Debo confesar que los seres humanos a veces me desilusionan con sus mezquindades, rencores e intrigas. Quizás es porque ya llegué a cierta etapa de la vida en la que he visto mucho, y siento que muchas veces nos mueven sentimientos que poco tienen de altruismo y más de auto gratificación. 

Sin embargo, a veces se da un raro fenómeno, en que ciertos grupos humanos empiezan a funcionar como una unidad. El grupo tiene tal energía, que las personas que se unen rápidamente se alinean con la vibra común, o simplemente siguen su camino. Los que deciden quedarse y son aceptados por el resto, pasan rápidamente a ser parte de esa suerte de familia elegida en la que todos tienen un espacio. La atracción de semejantes grupos es poderosa y sanadora, ya que es indiscutible que los seres humanos somos animales sociales y florecemos ante la mirada de los otros. Queremos ser parte de algo más grande, necesitamos sentirnos escuchados y aceptados. No necesariamente tiene que ser un grupo de personas que se conocen hacer muchos años, a veces si las circunstancias se dan y las energías fluyen, quienes antes eran unos extraños o meros conocidos, pueden terminar sintiéndose más próximos que la propia familia. 

Tengo la fortuna de haber encontrado, gracias al canto coral, uno de estos grupos hace ya más de tres años. Mi vida es más rica y plena gracias a ellos. Nos une no sólo el amor por la música, sino a esta altura una serie de experiencias compartidas, compuesta de innumerables “juntadas”, comidas, asados, charlas, confesiones, bailes, risas y algunas lágrimas. Sellaron esta suerte de recientemente estrenada hermandad algunos viajes cortos que oficiaron de retiros, donde pudimos seguir conociéndonos y tejiendo una maraña de alianzas y lealtades que hoy son parte intrínseca de mi vida.

Pero ¿qué pasa cuando alguno de los miembros de ese grupo sufre algún tipo de desgracia? Es ahí donde se ve la cohesión del grupo, esos miles de momentos felices que tendieron lazos, cerraron filas, cementaron una unión muy particular entre seres de distintas edades, profesiones y orígenes, se pone a prueba y surge una ingeniería maravillosa, una red amorosa de solidaridad que busca contener a esa persona y a su familia.

Somos seres únicos, y todos reaccionamos de forma diferente ante la adversidad, algunos se vuelcan a la acción, otros tardan más en asimilar el golpe y encontrar su lugar ante la nueva realidad.  Lo importante es que el lazo invisible que los une sigue ahí, acomodándose como un gran elástico invisible, sosteniendo y conteniendo a todos y a cada uno de los integrantes de esa tribu.

Es en estos momentos en que recupero la fe en mis congéneres y constato que los seres humanos somos capaces de inspiradores actos de generosidad, movidos por el amor. 

Juntos todo se soporta mejor, es el poder de la tribu.

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