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Rodrigo Diz

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Desde las sierras de José Ignacio, Rodrigo Diz produce vino en silencio, con visión, legado, en edición limitada y con premios internacionales.

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ESTEÑA PRESS · ENTREVISTA EMPRESARIAL

Rodrigo Diz

Visión financiera, tierra y largo plazo

Mucho antes de que las sierras del Este entraran en el radar internacional, Rodrigo Diz ya veía valor donde casi nadie miraba.

Con una trayectoria vinculada al mundo financiero, la inversión y el desarrollo de proyectos de largo plazo, eligió apostar por la tierra, la producción y el vino en una zona que todavía estaba lejos del fenómeno que es hoy.

Desde Sierra Oriental construyó una bodega de producción limitada y reconocimiento internacional, sosteniendo una lógica poco frecuente en el mundo empresarial actual: crecer no siempre significa hacer más.

Tu historia mezcla raíces gallegas, tradición agropecuaria argentina y una vida profesional ligada a las finanzas. ¿Qué encontró alguien con ese recorrido en Uruguay —y particularmente en el Este— para decidir construir acá su proyecto más personal?

No paro de repetirlo: Uruguay me abrazó y me enamoró. Su gente, sus atardeceres, sus colores, su parsimonia y a la vez su carácter fuerte. Es un lugar en el mundo que me da alegría siempre. El Este, encima de todo, tiene las sierras, el mar y ese encanto de tener tanta combinación heterogénea de personalidades y nacionalidades. Las sierras vistas desde el mar siempre me atrajeron desde mi adolescencia, en los 80, y sabía que allí tendría mi lugar. No hay lugar en el mundo entero como Punta del Este y su entorno.

En 2003 invertiste en una zona que todavía estaba lejos del desarrollo y la proyección internacional que tiene hoy. ¿Qué vio un hombre del mundo financiero en esas tierras antes que el resto?

¡No vi, sentí! Uruguay latía bajo mis pies y cuando llegué a ese campo en las sierras, en una zona conocida como Paraje José Ignacio, sabía que había llegado al lugar. ¡Era acá!

Antes de las vides llegaron los olivares. ¿Cómo fue el proceso de pensar ese territorio productivamente y cuándo entendiste que también podía convertirse en una bodega de alta gama?

Siempre disfruté de las frutas y verduras uruguayas, siempre me sorprendió su gusto y expresión. Yo sabía que la zona era considerada de cría ganadera, pero también sabía, por las condiciones del suelo, que era zona frutihortícola. Conocía la Toscana por mis años vividos en Europa y vi un perfil similar, y eso me empujó a ir por ese lado con olivares y vides. Luego vino el paisajismo, que generó acentos y escenas similares a los de la Provenza y la Toscana. Para mí, si me preguntás hoy, son escenas nuestras. Lo de la bodega de alta gama lo entendí ni bien probé nuestros primeros vinos del 2011, y supe que la uva tenía que viajar lo menos posible en el proceso para alcanzar su máxima expresión. En 2015 produjimos por primera vez acá en La Oriental —nombre de nuestro establecimiento— los vinos Sierra Oriental, y la uva viajó 200 metros en lugar de 200 kilómetros.

Sierra Oriental mantiene deliberadamente una producción limitada. En una época obsesionada con escalar, ¿por qué decidiste preservar el tamaño antes que maximizar volumen?

Porque quiero entender el suelo, quiero entender el clima, quiero saber cuál es el mejor vino que se puede producir. Mágicamente, todas las variedades que implantamos dieron enormes resultados. Son parcelas chicas donde cada varietal produce entre 1.000 y 6.000 botellas. Puedo dedicarle mucha atención a cada uno de los varietales y sacar lo mejor de ellos. Me sigue llamando el querer entender, y en 2025 planté nuevos varietales y dupliqué el área de vid con plantines traídos de Europa: Riesling, Chardonnay, Albariño, Cabernet Franc, Merlot y Nebbiolo.

Tu carrera estuvo vinculada al mundo financiero, la inversión y también a instituciones educativas como International College, donde participaste desde el board aportando una mirada institucional y de comunidad. ¿Cómo dialogan hoy esas distintas facetas en tu manera de pensar los proyectos?

No sé si la palabra es «dialogan»; me abrazo más a las palabras «hacer» y «crear». Uno tiene que estar donde el interior lo llama. Todo lo que mencionás fue un llamado, y ahí fui a hacer y a crear.

Todo proyecto de largo plazo tiene momentos de duda. ¿Hubo algún instante en el que pensaste que Sierra Oriental podía no funcionar?

Sierra Oriental, una vez que lo probé por primera vez, supe que iba a funcionar. Nunca lo dudé desde ese día.

Sierra Oriental logró reconocimiento internacional en un mercado extremadamente competitivo. ¿Qué tiene que pasar para que el vino uruguayo deje de ser un secreto bien guardado y empiece a consolidarse como marca país premium?

Seguir haciendo las cosas bien, a la uruguaya. No hay que acelerar procesos. En eso Uruguay es genial: todo lleva su tiempo y esfuerzo. Pero lo que ya sabemos es que competimos en calidad a nivel internacional; nuestros puntajes lo demuestran. Ya no somos un secreto bien guardado.

Detrás de una bodega de este nivel hay alianzas, logística y visión compartida. ¿Qué rol jugaron los socios estratégicos y el ecosistema empresarial en el crecimiento del proyecto?

Ningún rol jugaron esos temas, ya que no tengo socios ni me apoyé en el ecosistema empresarial local. Aunque debo reconocer que la explosiva y exitosa irrupción de Bodega Garzón en Uruguay, y en especial a nivel internacional, nos puso en otro lugar: ya éramos visibles gracias a ellos. Por eso mi foco es único: gran variedad de varietales y atención plena en lo que se hace, cada parcela, cada planta, cada tanque. Es chico, es fácil de seguir y de controlar.

El turismo vitivinícola cambió la lógica de muchos destinos premium en el mundo. ¿Cómo puede contribuir el Este a construir una actividad de calidad durante todo el año y no solamente en temporada?

La contribución al Este y a Uruguay en general es darle al turista o al local más alternativas para conocer y visitar. Los viñedos y las bodegas ocupan un lugar muy especial en ese mundo. El turismo de todo el año ya empezó en el Este, y esto recién empieza.

Después de tantos años invirtiendo, desarrollando proyectos y mirando el largo plazo, ¿qué sigue siendo para vos una buena inversión?

Siempre, la tierra.



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