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Talento

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Talento: El artista Diego Kröger donó a Maldonado una escultura en bronce y fibra, ubicada en La Gorgorita, en homenaje a la comunidad surfista.

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TALENTO 

La escultura con la que diego kröger le devolvió algo al mar que lo formó

El artista uruguayo donó a Maldonado una obra en bronce y fibra de vidrio instalada en la desembocadura de La Barra, como homenaje al departamento y a la comunidad surfista de la costa. 

Hay un instante, cada mañana, en que la luz todavía no decide si va a ser un día de viento o un día de calma sobre la desembocadura del arroyo Maldonado. En ese instante, desde hace unos meses, hay una figura de bronce y fibra de vidrio que señala hacia la rompiente, como si ella también estuviera esperando la próxima ola. Se llama Talento, la firma el escultor uruguayo Diego Kröger, y desde este año ya no le pertenece solo a él: la donó a Maldonado para que se quede ahí, a la intemperie, disfrutable por cualquiera que camine por la costa.

Una vida escrita frente al mar

Kröger nació en Montevideo, pero su historia con la costa uruguaya empezó mucho antes de convertirse en escultor. De niño vivió en Maldonado y asistió a la Escuela N.º 5, sobre Gorlero, donde su madre integraba la comisión de fomento. Hoy reparte sus días entre un taller en Cabo Polonio y otro en Canelones, siempre a metros del agua.

«Tengo una atracción muy fuerte por la costa. Hay una sensación de libertad que me da el mar, ese viento continuo, el horizonte, estar frente a algo que está siempre en movimiento», cuenta el artista. Es esa sensación, dice, la que termina apareciendo, tarde o temprano, en su trabajo.

Dos intendentes y casi dos años de trámites

La donación no fue un gesto espontáneo: llevó cerca de dos años de gestiones. El proceso arrancó durante la intendencia de Enrique Antía, con la búsqueda del emplazamiento correcto, y se cerró con Miguel Abella, con quien Kröger se reunió personalmente. «Es una persona muy ejecutiva y gracias también a ese impulso pudimos finalmente concretar la colocación de Talento», señala el escultor sobre el actual intendente.

«La donación surge también porque para mí es un gran honor que el departamento de Maldonado tenga una obra mía en un lugar tan privilegiado y que sea una obra que pueda disfrutar todo el mundo», explica Kröger sobre el sentido último del gesto: un homenaje al departamento y a la comunidad surfista que lo habita.

El surf como filosofía, no solo como deporte

La idea nació de la observación paciente. Durante años, Kröger caminó la desembocadura mirando a los surfistas remontar olas grandes, luchar contra la espuma, caer y volver a intentarlo. «El surf es un deporte de mucho riesgo, para gente que se prepara muchísimo. Hay entrenamiento, estado físico, conocimiento del mar y también mucho talento», explica. De ahí el nombre de la pieza: una palabra que, para él, va más allá de la destreza técnica y roza algo parecido a la vocación.

De esa certeza salió el nombre de la obra. «El nombre Talento surgió justamente de ahí. Para enfrentarse al mar de esa manera, para asumir ese riesgo y lograr dominar una ola, hay que tener preparación, entrenamiento y, sin duda, talento», cuenta el artista. Una palabra que, para él, va más allá de la destreza técnica y roza algo parecido a la vocación.

La obra —fibra de vidrio y bronce— representa a un deportista de físico entrenado, en tensión y movimiento, mirando hacia la salida del sol y hacia la rompiente. Kröger la conecta con otra pieza suya, Guyunusa, instalada en las rocas de Cabo Polonio: la ve todas las mañanas desde su casa-taller, a la misma hora en que los surfistas ya están en el agua. De esa coincidencia diaria, dice, fue naciendo Talento.

Del museo a la intemperie

Con reconocimientos recientes en la Bienal de Florencia 2025, además de exhibiciones en Madrid, Panamá y el BID, Kröger eligió para esta obra un destino sin sala ni curaduría: la calle, el viento, la sal. «Para un artista, tener una obra que no esté únicamente en una bienal, un museo o una galería, sino que esté accesible y pueda ser disfrutada por todo el mundo, es una de las satisfacciones más importantes», afirma.

La pieza quedará expuesta a las tempestades, a los días de cielo gris y a los de cielo completamente azul. Una decisión deliberada: que la escultura «se mezcle con el entorno» y cambie, como el propio paisaje, según la luz de cada jornada.

Un legado para la comunidad surfista

Kröger espera que Talento permanezca allí durante años y se vaya integrando, de a poco, a la vida cotidiana de quienes practican surf en la zona. «Me gustaría que ese punto siga siendo un lugar donde los deportistas se encuentran, miran el mar, esperan las olas y disfrutan de la costa», concluye. Y agrega algo que resume su idea del arte en el espacio público: una obra donada, dice, deja de pertenecer únicamente a quien la creó.

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