Entrenamos para sentirnos, movernos y vernos mejor hoy. Pocas veces pensamos en la fuerza como una inversión que estamos construyendo para el futuro.
El arte de habitar el cuerpo
Por Esteña Press
El arte de habitar el cuerpo
Capítulo 2: La fuerza como reserva de futuro
Desarrollar la fuerza muscular es uno de los grandes pilares de la autonomía física. Sin embargo, solemos pensar en ella desde el presente: entrenamos para sentirnos, movernos y vernos mejor hoy. Pocas veces pensamos en la fuerza como una inversión que estamos construyendo para el futuro. Y quizás deberíamos hacerlo.
A partir de la edad adulta, el cuerpo comienza progresivamente a perder masa y capacidad muscular si no recibe estímulos suficientes. Es un proceso lento, muchas veces imperceptible, que puede acelerarse con los años y con los períodos de inactividad. El problema no es solamente perder músculo. Es ir perdiendo, poco a poco, margen de acción. Aquí aparece un concepto interesante: la reserva funcional.
Nuestro organismo posee más capacidad de la estrictamente necesaria para resolver las demandas de la vida cotidiana. Mientras esa reserva es amplia las tareas representan un porcentaje pequeño de nuestra capacidad total. Cuando disminuye, las mismas acciones comienzan a exigirnos cada vez más.
La vida cotidiana no cambió. Cambió el margen que nuestro cuerpo tenía para responder a ella. Por eso construir fuerza antes de necesitarla puede pensarse como una forma de ahorro físico. No podemos detener el paso del tiempo, pero sí podemos transitarlo con una mayor capacidad física.
Y esa capacidad física no está compuesta únicamente por músculos. También requiere el desarrollo del equilibrio, movilidad, coordinación y capacidad de reacción. Nuestro sistema nervioso necesita percibir todo lo que sucede a nuestro alrededor para organizar una respuesta y generar la fuerza necesaria en el momento adecuado. Con tener fuerza no alcanza, hay que poder utilizarla. Así el entrenamiento adquiere una dimensión diferente.
Pilates aporta algo particularmente valioso dentro de esa construcción: combina fuerza con control. Una parte del cuerpo debe estabilizarse mientras otra se mueve; organizando en simultáneo la respiración, postura y dirección de la fuerza. No buscamos solamente producir movimiento. Buscamos tener dominio sobre él.
Un cuerpo verdaderamente fuerte es un cuerpo que tiene recursos. Que puede adaptarse, producir fuerza, controlar y responder cuando la vida presenta algo que no estaba previsto. Quizás ahí encontramos una forma diferente de entender el bienestar: no entrenar para exigirnos constantemente, sino para ampliar nuestras posibilidades. No sabemos exactamente qué capacidades necesitaremos dentro de algunos años, pero sí podemos decidir cuánto queremos invertir hoy en conservarlas. Porque entrenar no es solamente trabajar sobre el cuerpo que tenemos hoy: es construir la autonomía que queremos conservar mañana.
Erica Karlen
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