Nicolás Jodal programa hace 40 años: en la semana, los fines de semana, por placer. El viernes 23 de octubre lo escuché en Casa Manantial arrancar con una confesión en tono de Alcohólicos Anónimos: hace seis meses que no escribe una línea de código.
Hace seis meses que no escribo código
Por Martin Canabal
Hace seis meses que no escribo código
Nicolás Jodal programa hace 40 años: en la semana, los fines de semana, por placer. El viernes 23 de octubre lo escuché en Casa Manantial arrancar con una confesión en tono de Alcohólicos Anónimos: hace seis meses que no escribe una línea de código. «Lo increíble es que no lo extraño», dijo. No se siente obsoleto; siente una potencia que nunca tuvo. «Hoy mi restricción soy yo mismo.»
Una casa que fue rumor
Casa Manantial nació en pandemia, cuando un grupo de emprendedores, en su mayoría tecnológicos, se instaló en Punta del Este y empezó a cenar juntos todos los miércoles. Después alquilaron, de otoño a primavera, un hotel en Manantiales y convirtieron cada habitación en una oficina. Hoy está en su segundo hotel, funciona todo el año, reúne a casi 50 miembros y sus fundadores insisten en que no es un cowork: no se alquila un escritorio, se entra por recomendación de un miembro. La charla fue el segundo capítulo de un ciclo que la casa organiza junto a Urucap, la Asociación Uruguaya de Capital Privado.
El primer sorprendido
Nicolás Jodal es ingeniero de sistemas y daba clases de inteligencia artificial en los 80. Cofundó GeneXus, que desde los 90 hace, con otra tecnología, lo que hoy promete la IA generativa: escribir programas automáticamente. Vende en unos 50 países, su principal mercado es Japón y desde 2022 pertenece a Globant, donde está en el centro de la apuesta por la IA. Aun así, se definió como «el primer sorprendido».
Lo que dijo
Su tesis central viene de 1937. Ese año el economista Ronald Coase se preguntó por qué, si el mercado es tan eficiente, no somos todos unipersonales. Su respuesta: porque coordinar cuesta. La empresa existe para no negociar todo, todo el tiempo, y su tamaño depende de ese costo de transacción. Le dieron el Nobel recién en 1991. Para Jodal, la IA está bajando ese costo de forma brutal, y las empresas se van a achicar. Ya se ve: Block, la empresa de pagos de Jack Dorsey, pasó en febrero de más de 10.000 empleados a menos de 6.000, y Globant cerró junio con 27.411 personas, frente a 31.280 a fines de 2024.
Pero no cree en el desempleo masivo. Cree que va a haber muchísimas más empresas de 5 a 10 personas, capaces de facturar lo que antes requería cientos. La tendencia venía de antes: WhatsApp tenía unas 50 personas cuando Facebook la compró por 19.000 millones de dólares. Equipos diversos, aclaró, no por cuotas sino porque piensan distinto: «La forma que tenés de saber que tu equipo es diverso es porque te vas del laburo caliente». El problema es que la prensa cubre los aviones que se caen, no los que despegan. Los despidos van a ser noticia; las empresas nuevas, no. «No lean demasiado lo que está en la prensa», recomendó. Lo anoto con la humildad del caso.
¿Cómo subirse a la ola? No buscando lo que la IA no hace, que es esconderse de un monstruo que igual te va a encontrar. Citando a Ichak Adizes, recordó que los problemas nunca se solucionan: se cambian por problemas nuevos. Ahí están las oportunidades. Uno es la economía de los tokens: en Globant usan un enrutador que elige entre 320 modelos según la tarea, desde uno de frontera para código crítico hasta el más barato para contestar un «hola». Otro es el small software, sistemas chiquitos para pocas personas que antes no se justificaban. Jodal hizo uno para gestionar las roturas de su casa y otro que calcula los handicaps de su grupo de golf.
Habló también de «coordinación sin consenso». La Intendencia de Flores lanzó Inés, su asistente por WhatsApp, y quiso sumarle los datos de multas y patentes del SUCIVE. No le dieron una API, así que el equipo leyó directamente la web. «El SUCIVE está colaborando a pesar de que no quiere colaborar», resumió.
Cerró con los médicos. Quiere que el diagnóstico se lo dé una persona, apoyada por la IA, pero una persona: cuando el modelo se equivoca pide disculpas y sigue; el médico tiene skin in the game, como diría Taleb. Esas profesiones van a seguir, pero trabajando distinto. «Todos vamos a tener trabajo, pero no vamos a hacer lo mismo», dijo. «Y yo soy el ejemplo.»















