el mercado tuvo que convivir con tres cosas que no se llevan bien entre sí: una inflación que volvió a acelerarse empujada por la energía, una Fed que subió la tasa y se niega a anticipar su próximo paso, y un rally bursátil cada vez más concentrado en un puñado de nombres
Un rally de pocos, una Fed que no habla y un Brasil que asusta
Por Oráculo Del Este
Un rally de pocos, una Fed que no habla y un Brasil que asusta
Desde la nota anterior, el mercado tuvo que convivir con tres cosas que no se llevan bien entre sí: una inflación que volvió a acelerarse empujada por la energía, una Fed que subió la tasa y se niega a anticipar su próximo paso, y un rally bursátil cada vez más concentrado en un puñado de nombres, que empezó a crujir justamente por las dudas sobre la inteligencia artificial. De fondo, la guerra con Irán sigue sin resolverse (Trump había dicho que recién terminaría después de las elecciones de medio término, y por ahora viene cumpliendo) y mantiene al petróleo en niveles altos y de tensión a muy pocos días de esos comicios del 3 de noviembre de 2026, y que honestamente no pintan para nada favorables para los republicanos.
Empiezo por la Fed. Después de la suba de septiembre que comenté en la nota anterior, llegó el CPI de septiembre que mostró una inflación de 3,7% interanual (desde 3,4% en agosto), con la nafta subiendo un alarmante 34,2% en el año. Con ese dato, la probabilidad de otra suba en octubre llegó a superar el 70%, hasta que Williams, Jefferson y Waller salieron a decir que la Fed podía tomarse su tiempo, y esa probabilidad se desplomó por debajo del 30%. En la previa de la reunión del 27 y 28 de octubre de 2026, el mercado descontaba casi con certeza una pausa, con la próxima suba apuntada a diciembre. La paradoja es que Warsh le pide al mercado que siga los datos y no sus palabras, pero cuando los datos empujaron para un lado, fueron las palabras de sus colegas las que definieron el rumbo. El silencio también comunica, y alguien siempre termina llenando ese vacío.
Para mí el dato clave del CPI es otro: la inflación núcleo (sin alimentos ni energía) quedó en 2,6% interanual, lejos de un descontrol. El grueso del salto vino del petróleo. Es una confirmación de la tesis de la nota anterior: lo que empuja las tasas no es una inflación generalizada sino el crecimiento (el PMI compuesto publicado quedó en 57,6) y un Tesoro que necesita financiarse. Y las tasas siguieron subiendo: la 10 años, que en la nota anterior estaba en máximos desde 2007, siguió subiendo y llegó a rozar 5,37% (el nivel más alto en más de 24 años), mientras que la de 30 años superó el 5,5%. Aflojaron algo después, pero el costo ya se empieza a ver en la economía real: la confianza de las constructoras de viviendas cayó a mínimos de un año, con las hipotecas cada vez más caras.
En cuanto al mercado de acciones, la fragilidad que marcaba en la nota anterior (un rally sostenido por cada vez menos papeles) terminó de quedar a la vista. El S&P 500 marcó un récord cerca de los 7.819 puntos el 5 de octubre de 2026, pero a mediados de octubre el 84% de las empresas del S&P 500 estaba al menos 10% por debajo de sus máximos, y casi el 60% más de 20% abajo. Un rally de pocos generales, pero con muchos soldados heridos. Cuando en octubre llegó la venta en chips y tecnológicas (con el Nasdaq 100 cerrando su peor semana desde junio), el índice no tuvo quién lo sostuviera. Se juntaron el CPI caliente, el petróleo y, sobre todo, la duda sobre cuándo empieza a pagar la inversión en IA, mientras que cada día es más difícil financiarla.
Ahí aparece Meta como el caso más ilustrativo. Presentó un trimestre muy bueno en ingresos (USD 64.600 millones, 26% más que un año atrás), pero con un gasto de capital récord y un cargo legal de casi USD 9.900 millones. Pocos días después anunció que va a salir a vender hasta USD 95.000 millones en acciones para financiar su infraestructura de IA, con Nvidia, AMD y Broadcom comprometiéndose a comprar hasta USD 5.000 millones. Que los proveedores de chips financien a su propio cliente para que les siga comprando chips es un detalle que no me deja tranquilo, y habrá que seguirlo muy de cerca. Netflix fue otro caso polémico: el 20 de octubre de 2026 presentó números muy sólidos (ingresos de USD 12.874 millones, 12% más que un año atrás, y una ganancia neta que creció 44%), pero recortó 10% su proyección de ingresos publicitarios para 2026, anunció reducciones de personal y la acción cayó más de 5%. Es una muestra de que el mercado ya no premia el pasado, sino que castiga cualquier duda sobre el próximo motor de crecimiento.
En lo político, las elecciones de medio término llegan con un Trump presionado por el precio de la nafta y con Musk como gran financista republicano (más de USD 445 millones aportados en este ciclo). En California, además, se vota la Proposición 40, un impuesto único de 5% sobre el patrimonio de los residentes con más de USD 1.000 millones, con residencia retroactiva al 1 de enero de 2026 (lo que explica las mudanzas de varios fundadores de Silicon Valley antes de que terminara 2025). Esta votación podría sentar un precedente muy peligroso para Estados Unidos si otros Estados deciden copiar la iniciativa.
No quiero dejar afuera a Brasil, que dio la sorpresa de la región. Lula ganó el balotaje con 51,79% contra 48,21% de Flávio Bolsonaro, revirtiendo el resultado de la primera vuelta y contradiciendo a la mayoría de las encuestas. La reacción fue brutal: el real llegó a perder más de 10% y la bolsa de San Pablo se desplomó al punto de tener que suspender operaciones. Sorprende que Lula haya sumado más de 10 millones de votos respecto a la primera vuelta, cuando casi 9 millones habían ido a los candidatos que salieron tercero, cuarto y quinto, en su mayoría más cercanos a la derecha (que by the way, si no se hubieran presentado, probablemente hubiera ganado Bolsonaro en primera vuelta). La explicación está en la mayor participación del balotaje, pero deja en claro cuánto pesó el voto antibolsonarista. Lo que más me interesa es la paradoja que viene: Lula, que cumple 81 años, va a gobernar en minoría en el Congreso, con una macro deteriorada. Mi lectura es que el margen para un giro fiscal expansivo es mucho menor de lo que el mercado teme, y no me sorprendería que tenga que moverse hacia el centro para ordenar las cuentas. Pero cuando tenga que hacer esto, habrá decepcionado a todo su electorado a quien le había prometido expandir el gasto público para mejorar “las condiciones de vida” del Pueblo. No la tiene fácil Lula, y además hay que ver qué ministros (de jerarquía) puedan o quieran aceptar timonear este barco en lo que podría ser una tormenta perfecta si comienzan a bajar los precios de los commodities.
Volviendo a los mercados en general, en la nota anterior me preguntaba cuánto de esta suba de tasas podía convivir con múltiplos en récord antes de pasar factura. La factura empezó a llegar, aunque todavía en cuotas. Si tuviera que juntar todos los hilos, diría que el mercado está apostando a que la Fed pueda esperar, a que la IA empiece a pagar y a que el petróleo no se descontrole, todo al mismo tiempo. Son tres apuestas que dependen de factores que nadie controla del todo: una guerra, una elección y la paciencia de los inversores con el gasto de las grandes tecnológicas. Con tasas largas cerca del 5% y un índice sostenido por un puñado de empresas, el margen de error es chico. La pregunta que me hago es simple: ¿qué pasa si alguna de las tres falla? En todos los años desde que escribo estas columnas me pregunto cuándo vendrá el cisne negro. Siempre creí que sería imposible verlo con Trump en el poder, pero cada vez más luces de alerta se encienden en el tablero. ¿Será 2027 un año para protegerse? Lo seguiremos de cerca, como siempre.
No se olviden de escribirme a oraculodeleste@gmail.com con preguntas y comentarios. En general gran parte de la nota está hecha en base a sus consultas. Hasta la próxima.

















