De las grandes inversiones a la ambición de convertir Punta del Este y José Ignacio en un hub internacional del polo. Una mirada a los negocios, el legado y el futuro
Entrevista empresarial a Michael Klein
Por Esteña Press
Entrevista empresarial a Michael Klein
Estancia Santa Cruz, José Ignacio
Tras casi 30 años en el capital privado entre Fráncfort y Nueva York, Michael Klein cambió las planillas de Excel por la cancha. Desde Estancia Santa Cruz, frente a la laguna de José Ignacio, el empresario y jugador de polo —que se enamoró de Uruguay en unas vacaciones familiares en 2011— habla de su inversión de más de US$10 millones, del Mundial de Polo de febrero de 2027 en Punta del Este y del proyecto familiar que sostiene al club.
Pasaste décadas en el capital privado entre Fráncfort y Nueva York. ¿Cuál fue el día en que entendiste que tu próxima gran inversión no iba a vivir en una planilla de Excel, sino en más de 100 hectáreas frente a la laguna de José Ignacio?
La vida tiene muchas etapas. Después de casi 30 años en el mundo de las inversiones, durante los cuales mi trabajo me dio la oportunidad de viajar por muchos países, decidí que era momento de un cambio. En unas vacaciones familiares en Uruguay, en 2011, nos enamoramos del país y, sobre todo, de la zona donde hoy está Estancia Santa Cruz.
Descubriste el polo en Argentina en los noventa. ¿Qué te enamoró del juego: el caballo, la velocidad, el equipo? ¿Y qué sentís hoy cuando salís a la cancha como jugador?
Desde muy joven, tuve pasión por los caballos y montar era, para mí, muy emocionante y gratificante. Competí en salto y llegué a las finales del campeonato nacional del Reino Unido. Conectar con el caballo es muy satisfactorio. El polo suma el equipo, la competencia, la estrategia y mucho más. Durante un partido hay una sola cosa en la que concentrarse, y es el juego. Es casi filosófico: después uno se siente “renovado”. Y, por supuesto, mejor todavía cuando gana tu equipo.
¿En qué momento pasaste de jugar en canchas ajenas a querer construir la tuya? ¿Y por qué apostaste por césped Tifton, algo que no existía en Uruguay?
Antes de definir el diseño y la estructura de Santa Cruz Polo, viajé mucho e intenté ver y aprender de los mejores: Ellerstina, Los Machitos, Saint-Tropez, Sotogrande y Wellington, por nombrar algunos. Todos tienen algo en común: la búsqueda de la excelencia. Por eso, por ejemplo, elegí césped Tifton para mi cancha, porque es el mejor.
Llegaste de vacaciones en 2011 y te tomó dos años dar con el dueño del campo. ¿Qué viste ahí que no habías visto en ningún otro lugar del mundo?
Uruguay tiene una combinación única: se disfruta de la vida de campo y de la playa, con una belleza natural impresionante. Sumado a su actitud relajada, la seguridad institucional y una población hospitalaria, es realmente especial.
En Nueva York, tus colegas invierten con números en la mano. ¿Qué cara pusieron cuando les contaste que ibas a construir un club de polo en Uruguay y qué decisión de esos comienzos harías distinta hoy?
Tomar decisiones de inversión a gran escala es gratificante, pero es igual de emocionante construir algo con tu propio intelecto y criterio. De todos modos, el proyecto no habría sido posible sin el apoyo de mi familia. Es un negocio familiar: todos participamos y aportamos. Aprendimos mucho en estos años de errores que nos llevaron a lograr muchos triunfos.
¿Qué tipo de visitante e inversor trae el polo que no trae la playa, y cómo cambia eso el perfil de José Ignacio? ¿Qué tiene este rincón del mundo que no tienen los otros, y qué le falta para posicionarse mundialmente como un hub de polo?
Para mí, José Ignacio es un lugar maravilloso, pero su desarrollo está más o menos completo. Ahora el desafío es preservar lo que lo hace especial. Hay mucho interés, con importantes recursos financieros, de gente que quiere entrar y cambiar las cosas, pero no siempre para mejor.
El polo uruguayo tiene que volverse más profesional y menos improvisado. La continuidad y la previsibilidad son clave. Todos tienen que involucrarse y aportar: los clubes, los jugadores, los criadores, la asociación de polo (AUP), los gobiernos nacionales y departamentales, por nombrar solo algunos.
En febrero de 2027, Punta del Este albergará el XIII Mundial de Polo de la FIP, el primero en suelo uruguayo. Sin ser organizador, estás en el centro del polo uruguayo. ¿Cómo ves hoy posicionado al polo del país frente a Argentina, Estados Unidos o Europa, y qué oportunidades abre el Mundial? ¿Santa Cruz recibirá partidos?
El Mundial 2027 es un regalo, una oportunidad y una obligación: la de mostrarle al mundo lo que Uruguay puede ofrecer. Si se hace bien, Punta del Este será un polo de referencia en el circuito internacional de ahí en adelante, a la par de Sotogrande o Palm Beach. Nosotros en Santa Cruz estamos listos para apoyar.
El Mundial traerá un público muy selecto, con poder adquisitivo y mirada global. ¿Creés que esa audiencia se enamorará de Uruguay como vos te enamoraste de José Ignacio? ¿Qué tiene que mejorar el destino para que vuelvan?
Hubo muchas razones por las que la FIP eligió a Uruguay para este evento, en un momento en que Medio Oriente daba un paso al costado. Por supuesto, la iniciativa uruguaya de dar el paso al frente también fue decisiva. Ahora todos tienen que cumplir. Estoy seguro de que Uruguay estará a la altura del desafío.
Tu esposa Verónica y vos no solo respiran polo, también reciben juntos a los huéspedes del club e impulsan Café Feliz y Color Esperanza. Contanos qué son, por qué nacieron y por qué en esta zona de José Ignacio.
Santa Cruz es un negocio familiar y todos disfrutamos de participar. Nuestro hijo Paul tiene autismo, y fundamos Color Esperanza para ayudar a que niños con discapacidad puedan contribuir. Café Feliz es la iniciativa para que niños y jóvenes con habilidades diferentes tengan oportunidades, participen y logremos que se integren en nuestra sociedad. Esta es nuestra misión.
En 2025 ganaste por primera vez la Copa Santa Cruz, la de tu propio club, tras tres años de trabajo. ¿Qué pasó por tu cabeza ese día?
En el polo, como en todo, todo es trabajo en equipo. Tiene que encajar cada pieza para que al final puedas levantar el trofeo. Por supuesto, estaba muy orgulloso y lo seguiré estando en el futuro. Tenemos un gran equipo, estructura y planificación.
Has invertido más de US$10 millones y no sos de los que deciden sin entender el negocio. ¿Cuál es la tesis de inversión de Santa Cruz? ¿De dónde viene el retorno (jugadores, hospedaje, eventos, valorización del campo) y en qué horizonte lo medís? ¿Qué medirías, desde tu punto de vista, para decir “fue una buena inversión”?
La mejor inversión son los clientes y amigos felices y satisfechos. Invertimos en Estancia Santa Cruz para obtener una experiencia única y diferenciada, manteniendo calidad y sobre todo un servicio con estándares internacionales, ya sea en el polo, el hotel, la huerta o el restaurante. Nuestro restaurante La Sierra y otros espacios están abiertos al público: probalo y reservá una mesa. También ofrecemos villas de lujo para pasar las vacaciones en familia y con amigos.
Un club de polo de este nivel suele ser más pasión que negocio. ¿Qué te dirían tus excolegas de Wall Street que no cierra en los números de Santa Cruz, y qué les responderías? ¿Santa Cruz tiene que ser autosustentable económicamente o estás dispuesto a que sea deficitario de forma permanente? ¿Cómo definís el éxito del proyecto dentro de diez años?
Estamos en la fase inicial del “proyecto” Santa Cruz y en cualquier proyecto es lo más difícil. Pero estamos en buen camino. Hay ingresos de polo, de eventos corporativos, bodas y música electrónica. También es un ingreso importante el alquiler de las casas de lujo a turistas de polo y a quienes buscan privacidad y lujo.
Estamos desarrollando una tribuna de lujo para disfrutar de los partidos de polo, que ofrecerá experiencias VIP diseñadas para atraer sponsors y clientes institucionales. Esta iniciativa se verá reforzada por el acuerdo que cerramos este año con Fasano Las Piedras para organizar conjuntamente distintas actividades vinculadas al polo. La trayectoria de Fasano JHSF, en el mundo de la hospitalidad de lujo, junto con su posicionamiento y prestigio internacional, aportará un valor diferencial único a la propuesta, potenciando su atractivo y consolidando una experiencia de excelencia a nivel mundial.
Santa Cruz se presenta como autosuficiente, con agua propia y energía solar, y está junto a la laguna de José Ignacio. ¿Qué medidas concretas tomaron para que un club con caballos, canchas y eventos conviva con ese entorno?
Hace poco terminamos nuestras huertas, que en mi opinión son de las más hermosas y diversas de la zona. Proveemos verduras y hierbas orgánicas frescas a nuestro restaurante La Sierra, bajo el concepto de la granja a la mesa, y el excedente se vende a la comunidad local. También estamos orgullosos de haber lanzado nuestra primera colección de vinos. El vino “Klein” proviene de 1,3 hectáreas plantadas con Albariño, Pinot Noir y Merlot, y es embotellado por nuestro socio Deicas. El viñedo está muy cerca del mar y superó las expectativas de calidad, según verdaderos conocedores.
Imaginá que el mundo del polo llega a Santa Cruz durante este próximo Mundial. ¿Qué es lo primero que cambiarías mañana en la cancha, las caballerizas o el club para estar a la altura? Mirando diez años adelante, ¿qué sentís que te queda por construir?
La Estancia es un lugar muy especial y estamos trabajando muy duro para estar a la altura del desafío de esta y futuras temporadas. Estoy seguro de que vamos a estar listos. Seguinos en Instagram: @SantaCruzPolo y @SantaCruzJoseIgnacio. Vení y descubrilo.

















