Cuando somos jóvenes, los veranos parecen interminables. Los cumpleaños tardan una eternidad en llegar. Un año se siente inmenso.
Por qué el tiempo se acelera y cómo recuperar su ritmo
Por Esteña Press
Por qué el tiempo se acelera… y cómo recuperar su ritmo
Cuando somos jóvenes, los veranos parecen interminables. Los cumpleaños tardan una eternidad en llegar. Un año se siente inmenso.
Pero en algún momento del camino, el tiempo empieza a acelerarse.
Existe una explicación matemática. A los diez años, un año representa el diez por ciento de toda tu vida. A los cincuenta, apenas el dos por ciento. La biología, sin embargo, ofrece otra explicación, quizás más útil.
Nuestro cerebro no experimenta el tiempo como lo hacen los relojes. Lo vivimos a través de la atención, la novedad y la memoria.
Cuando la vida es nueva, el cerebro tiene más información para registrar. Lugares, personas y experiencias desconocidas crean recuerdos definidos: hitos en el paisaje de nuestra vida. A medida que las rutinas se vuelven familiares, el cerebro hace algo extraordinario: predice, automatiza y comprime.
Es una herramienta brillante para atravesar un día ocupado. No tanto si queremos que la vida se sienta más amplia.
Quizás por eso existe una de las grandes paradojas del tiempo: una experiencia novedosa puede parecer fugaz mientras la estamos viviendo, pero mucho más larga cuando la recordamos, porque dejó detrás una gran cantidad de memorias.
La rutina produce el efecto contrario. Los días están llenos, pero al mirar hacia atrás, se desdibujan unos con otros.
Tal vez, entonces, desacelerar el tiempo no consista en hacer menos. Tal vez consista en notar más.
La novedad ayuda. Tomar un camino diferente. Aprender algo desconocido. Viajar a un lugar nuevo. Sentarse junto a alguien que amamos sin mirar el teléfono al mismo tiempo.
Pero la novedad no tiene por qué ser extraordinaria. La atención, por sí sola, puede convertir un momento cotidiano en algo único.
Percibí la temperatura del aire de la mañana. El primer sorbo de café. La expresión en el rostro de alguien. El tono preciso del cielo.
Estos pequeños gestos le dicen al cerebro: este momento merece ser guardado.
Dedicamos una enorme cantidad de energía a extender la vida. Medimos la edad biológica, optimizamos el sueño, el ejercicio, la nutrición y el metabolismo. Todo eso tiene un enorme valor.
Pero la longevidad también tiene otra dimensión.
Una vida más larga es valiosa, en parte, porque nos regala más tiempo. Y quizás una de las formas más olvidadas de crear más tiempo sea aprender a experimentar plenamente el que ya tenemos.
No podemos desacelerar el reloj.
Pero sí podemos hacer que una vida se sienta más larga, simplemente estando más presentes en ella.
Si te interesa descubrir cómo aplicar la ciencia de la longevidad a tu vida cotidiana, suscríbete al newsletter semanal The Journal de la Dra. Kathryn Dundas escribiendo a hello@asublimelife.ca.
Dr. Kathryn Dundas M.D., C.C.F.P. | CEO and Medical Director
















