El proyecto para construir un aeropuerto internacional en Rocha avanza, pero ¿es posible impulsar esta infraestructura sin comprometer un territorio ambientalmente excepcional?
Aeropuerto de Rocha: la pregunta ambiental
Por Esteña Press
Aeropuerto de Rocha: la pregunta ambiental
El proyecto para construir un aeropuerto internacional en Rocha avanza, pero también crece una pregunta que ya no puede quedar al margen de la discusión: ¿es posible impulsar esta infraestructura sin comprometer un territorio ambientalmente excepcional?
La iniciativa prevé una inversión cercana a US$ 40 millones y se proyecta sobre un predio de unas 209 hectáreas, ubicado sobre Ruta 10, entre las lagunas de Rocha y Garzón. Corporación América Airports, concesionaria de Laguna del Sauce, adquirió el terreno y el proyecto está vinculado a la extensión por hasta 25 años de esa concesión.
El avance administrativo continúa. La Intendencia de Rocha inició en agosto el procedimiento para recategorizar el suelo de rural a suburbano, con una instancia de consulta pública que se extiende hasta el 8 de septiembre. Pero el componente ambiental abrió una discusión más profunda.
El área técnica del Ministerio de Ambiente cuestionó la clasificación ambiental inicialmente planteada y recomendó que el emprendimiento sea considerado Categoría C, lo que implica un estudio de impacto ambiental completo debido a la posibilidad de impactos negativos significativos.
La sensibilidad no es menor. La localización queda entre Laguna de Rocha y Laguna Garzón, ambas áreas protegidas del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. El territorio integra además la Reserva de Biosfera Bañados del Este, mientras Laguna de Rocha posee reconocimiento internacional como humedal Ramsar.
A esto se suma un nuevo elemento: el Centro Universitario Regional del Este (CURE) publicó el 17 de agosto un informe técnico que recomienda estudiar localizaciones alternativas, particularmente aquellas más alejadas de los sistemas lagunares sensibles. El documento advierte sobre impactos ambientales y territoriales que deberían analizarse de manera integral.
Entre las preocupaciones aparecen la biodiversidad, las aves residentes y migratorias, el ruido, la iluminación, los movimientos de suelo, los escurrimientos y la eventual expansión vial, urbana y logística asociada al aeropuerto. También existe una dimensión aeronáutica: la presencia de aves entre dos lagunas puede requerir un análisis específico del riesgo de colisiones con aeronaves.
En paralelo, 55 organizaciones solicitaron recientemente que se comparen formalmente otras ubicaciones. El planteo, aclaran, no cuestiona la necesidad de un aeropuerto para Rocha, sino el emplazamiento elegido.
La discusión, entonces, no debería plantearse como desarrollo versus ambiente. El verdadero desafío es otro: si existen alternativas técnicamente viables con menor impacto, ¿por qué no evaluarlas antes de consolidar una decisión que puede transformar para siempre este territorio?

















