Bienestar

el extraordinario poder de la palabra del medico

Comparte el artículo:

Nunca le prestó atención a las recomendaciones de no fumar. Pero su entereza y sus ganas de vivir serán más fuertes que su enfermedad. 

Francesca Giulia Tavanti: “El artesanado vuelve a tener un lugar central en el lujo”
Piero Atchugarry: “Donde abro una galería, pongo raíces”
Foto del avatar
Somos el medio de comunicación más leído de Punta del Este. La evolución digital de un medio impreso icónico del Este, que combina el rigor del periodismo tradicional con la inmediatez del mundo online.
Redes Sociales

    Cuento Cortos para la Toma de Consciencia nro 20

EL EXTRAORDINARIO PODER DE LA PALABRA DEL MEDICO

Dr. Martín Lombardero

Nunca pensó que viviría este infierno.                                                                                                                                                             Nunca le prestó atención a las recomendaciones de no fumar. Pero su entereza y sus ganas de vivir serán más fuertes que su enfermedad. 

Gabriel tiene 65 años. De mediana estatura, tiene el típico andar pausado de tanta vida bien vivida. Muy cálido con los suyos y un caballero con los demás, tiene esa manera agradable de conversar que invita a escucharlo. Servicial a quien se lo pida, su vida ha transcurrido siempre con buenas intenciones.

Pero el destino no toma en cuenta esas virtudes y se ensaña con Gabriel sin su permiso ni misericordia. Para el destino, el cigarrillo lo justifica todo, y lo sentencia sin derecho a la defensa.

Empezó con dolores en las pantorrillas al caminar unas cuadras, que lo atribuyó a una molestia muscular, y por consiguiente no consultó. Pero las molestias empezaron a ser cada más frecuentes y a menos distancia en su caminar. Y en las puertas del inicio su historia más traumática, un dolor agudo en su pierna derecha, insoportable, lacerante, lo despierta súbitamente. Todos signos inequívocos de obstrucción arterial aguda, en un terreno arterial que ya venía previamente enfermo. 

La falta de sangre en su pierna, además de un intenso dolor, le ocasionaba un pie muy frio, donde sus dedos comenzaban a cambiar de color. En cualquier región del cuerpo a la que no le llega sangre súbitamente (se llama isquemia), se inicia una muerte celular, una necrosis, que complica el cuadro por las chances de infección. El pie de Gabriel no tardo en necrosarse e infectarse. 

El estudio de angiografía mostró múltiples obstrucciones, inclusive en el origen de ambas ilíacas, bien arriba, lo cual complicaba la estrategia de intervención con angioplastia y stent. 

La burocracia lo condenó a deambular por distintos centros de salud, retrasando la resolución del cuadro. Cuando al fin consiguió que lo intervinieran, se pudo reestablecer algo del flujo de su pierna derecha, colocándole un stent. Pero para los dedos de su pie derecho ya era tarde. Negros de tanto aguantar, ya no le pertenecían. Había que amputar.  El riesgo de infección con gérmenes resistentes era cada vez mayor. Llevaba meses dando vueltas con su dolor, y ese tiempo calo hondo en los tejidos del pie. La indicación de amputación fue necesaria, pero fue un tratamiento parcial, porque la infección invadió sus huesos y el destino lo seguía castigando. 

A 8 meses de inicio de su cuadro, sin sus cuatro dedos del pie derecho, luego de estar por lo menos 4 meses internado, y con control de la infección, comienza muy lentamente a pisar el largo comienzo de la rehabilitación, con la esperanza de volver a caminar bien y volver a ser el que era. Uno de los médicos que consultó lo motivó para se convenza que con tiempo, paciencia y disciplina iba a volver a caminar bien. Sus ojos se iluminaron y comenzó su rehabilitación con una entereza admirable. Inclusive habían puesto una fecha como meta para festejar. Fijaron 9 meses de rehabilitación de su pierna para ver resultados, que coincidía con el inicio de la primavera. “No existe el eterno invierno cuando la primavera es inevitable. El 21 de septiembre arranca tu primavera”, le dijo el médico. 

Pero a los dos meses de su rehabilitación, una consulta de rutina con un médico de su obra social que le dice una frase tan insólita como inclasificable: «Mira Gabriel. Te voy a decir la verdad. Estás en el medio de océano con dos flota flota» (sic)

Gabriel se desmoronó anímicamente. Lloró y se deprimió. Faltó varios días a su rehabilitación porque en su mente se escribía el peor de los pensamientos:  «Qué sentido tiene que siga rehabilitando si estoy en el medio del mar con dos flota flota»(sic) 

El extraordinario poder de la palabra del médico puede sanar…. o a hacer daño. En segundos, un médico puede inyectar la imprescindible dosis de esperanza que la mente necesita para salir… o  en un instante destruir la psiquis de un paciente vulnerable. 

Gabriel va a volver a caminar. Pero en su largo peregrinar, en las hojas escritas en su infierno, habrá un capítulo dedicado al médico que le sepultó la esperanza en el medio del océano.

Dr. Martin Lombardero.

Autor del libro “El Corazon es Consciente” (Ed. Planeta) y “La Tiranía del Diagnostico” (Ed. El Ateneo)

@lombarderomartin | www.martinlombardero.com.ar

Por:
tu negocio en

Los más leídos

Continúa leyendo en Esteña Press