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Francesca Giulia Tavanti: “El artesanado vuelve a tener un lugar central en el lujo”

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Francesca Giulia Tavanti combina moda, arte contemporáneo y educación desde el Istituto Marangoni, con años de trabajo en la Fondazione Palazzo Strozzi

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Francesca Giulia Tavanti

“El artesanado vuelve a tener un lugar central en el lujo”

Istituto Marangoni · MACA, Cine MACA · Sábado 29 de agosto, 11:00 h

Francesca Giulia Tavanti combina moda, arte contemporáneo y educación desde el Istituto Marangoni, con años de trabajo en la Fondazione Palazzo Strozzi y proyectos que cruzan lujo y sustentabilidad, como su colaboración con Fendi y la artista Sarah Coleman. Este sábado, a las 11:00 h en el Cine MACA, presenta “Art direction and curating: Narratives between fashion and contemporary art”, organizada junto a FAD (Fashion, Art & Design Connection) e Istituto Marangoni.

De cara a su visita a Uruguay, le acercamos a Tavanti algunas preguntas sobre materia prima, artesanía y la industria del lujo. Estas fueron sus respuestas, en exclusiva para Esteña Press.

Uruguay tiene materia prima de calidad —lana, cuero— pero muchas veces le falta el conocimiento para transformarla y agregarle valor. ¿Coincidís con esa lectura? ¿Qué le falta a la región para dar ese salto?

“En mi distrito, el toscano, tenemos el mismo panorama, porque la lana y el cuero son materiales muy importantes en nuestra producción. Lo que noto es un interés muy grande de todas las marcas por un enfoque innovador sobre estos materiales tradicionales. Por un lado hay que prestarle atención a los procesos tradicionales y al oficio, pero al mismo tiempo las marcas están buscando nuevos talentos que puedan transformar estos materiales en algo totalmente nuevo: accesorios vinculados al cuero, por ejemplo, con los que intentan introducir en el mercado nuevos tipos de piezas para revitalizar ese segmento, no solo carteras y zapatos, sino accesorios diferentes, para mejorar su negocio y su enfoque sobre estos materiales que son cruciales en la moda.

Ambos están muy conectados con la sustentabilidad, aunque de maneras distintas. La lana es el material más sustentable, porque realmente le podés dar una nueva vida y reabrir su ciclo. Cerca de Florencia tenemos una ciudad, Prato, muy conocida en todo el mundo por su enfoque sustentable hacia la lana. El cuero, por otro lado, está más ligado a la producción de accesorios, y ahí muchas fábricas están mejorando el proceso con materiales sustentables. Creo que son materiales clave en este punto de inflexión hacia la sustentabilidad.

Está creciendo, porque cuando hablamos de cuero no hablamos solo de accesorios: hay un mercado muy grande de indumentaria en cuero. Por eso, en algunos de nuestros programas nos estamos enfocando en cómo conectar el cuero con la indumentaria. El patronaje es totalmente distinto si trabajás con cuero o con telas, y realmente necesita un enfoque nuevo, pensar en cómo abordar estos materiales específicos de otra manera.”

En un mundo cada vez más masificado por el fast fashion, ¿qué lugar real le ves a lo artesanal y a los movimientos slow? ¿Tendencia genuina o nicho?

“Creo que es una tendencia importante que está corriendo hoy en día, que empezó como un movimiento de nicho y de interés, pero que hoy es fundamental para repensar el mercado del lujo. Noto una atención nueva hacia el artesanado, una suerte de vuelta a un enfoque honesto y coherente frente a este tipo de transformación y de procesos. Creo que el horizonte, el futuro, va a tener cada vez más lugar para el artesanado. Sobre todo la nueva generación está muy familiarizada y es muy sensible a estos dos puntos, y creo que cada vez le prestan más atención a un enfoque, digamos, tradicional hacia el oficio. Un regreso a los procesos de antes.”

Contás que en Palazzo Strozzi descubriste que tu lugar era “estar entre la obra y el público” más que ser curadora. ¿Cómo se traduce eso a la dirección de arte hoy?

“Soy historiadora del arte, así que apenas salí de la universidad tuve la responsabilidad de entender, antes que nada, cómo convertir ese conocimiento en un trabajo. Probé muchos trabajos distintos. Y en Palazzo Strozzi descubrí uno de mis rasgos —no diría un talento, sino un rasgo—: realmente disfruto generar un diálogo, ser de alguna manera mediadora entre la obra y el público. Y eso está estrechamente conectado con la educación, porque si analizo mi rol como educadora, también soy mediadora. Todo el tiempo intento que la gente se involucre para que entienda, primero que nada, quién es, y cómo puede ampliar su conocimiento y descubrir algún aspecto de sí misma. Me considero una mediadora, y en la dirección de arte pasa algo muy parecido, porque tenés que traducir un mensaje y hacerlo comprensible para el público. Hay que imaginar que en esa comunicación hay un emisor y un receptor, y vos te ubicás en el medio, acompañando al receptor a decodificar lo que recibe. Pero de alguna manera es un descubrimiento personal: no es solo decodificar un mensaje, sino entender, a través de ese mensaje, quiénes somos.”

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