Cuento Nro 16: «¿Hasta dónde llega el poder de la mente cuando entramos a un quirófano?» Dr. Martin Lombardero. Autor del libro “El Corazon es Consciente” Editorial Planeta.
Por Esteña Press
Cuento Cortos para la Toma de Consciencia nro 16
¿Hasta dónde llega el poder de la mente cuando entramos a un quirófano?
Dr. Martín Lombardero
Ramiro (48 años), Germán (58 años) y Alejandro (45 años), tienen algo en común. Nacieron con la malformación congénita cardiovascular más frecuente, una válvula aórtica bicúspide (lo normal es que sea tricúspide), es decir, en vez de tres cúspides tienen dos. Esto hace que se deterioren más rápido. Habitualmente es muy bien tolerada y requiere de cirugía de reemplazo valvular en etapas tardías, pero a veces la indicación quirúrgica se da en décadas tempranas. A los tres le dijeron que es tiempo de operar, y que tienen un cuerpo muy sano. Esto implica un score de riesgo prequirúrgico muy bajo.
Pero los tres tienen un estado emocional diferente.
Ramiro es un corredor de bolsa exitoso. Su vida está regida por un Dios materialista, donde la felicidad está asociada a la cultura del consumo adictivo y vacío de un mínimo concepto espiritual. “Vale por lo que tienes” se le ha escuchado decir. Su capacidad de generar dinero no le sirve para amortiguar el pánico que le tiene al quirófano. Pero la indicación quirúrgica le ha llegado. Y pánico es la palabra, literal y perfecta. Así entró al quirófano.
Germán tiene 3 hijos. Su hija mayor falleció por una enfermedad autoinmune, un mes antes de la fecha pactada para su cirugía. Con una enorme tristeza decidió que era necesario operarse igual. Trámites burocráticos de su obra social lo condicionarían a una reprogramación con fecha incierta. Entró a quirófano cursando el peor duelo, que, a mi criterio, puede tener un ser humano. Una profunda tristeza es la palabra, literal y perfecta.
Alejandro tiene un hijo de 7 años que es su debilidad. Quiere vivir para disfrutarlo en todas sus etapas. Está divorciado pero mantiene una excelente relación con la madre de su hijo. Entró a quirófano confiado, tranquilo. Cuando estaban por anestesiarlo, con diez profesionales rodeándolo (el cirujano mayor y dos ayudantes, dos anestesistas, dos instrumentadoras, técnico en bomba extracorpórea, enfermera y yo, como operador de imagen cardiaca), pidió hacer una pregunta. El cirujano nos hizo señas para que todos lo escuchemos. Alejandro preguntó: “_ ¿Voy a poder tocar la guitarra después de la cirugía?”. _ “Sí por supuesto. ¿Por-qué…? ¿Ud. toca guitarra?” respondió el cirujano mayor. “_ No, no. Pero tengo ganas de aprender a tocar con mi hijo”. Entró a quirófano pensando en proyectos y en todo lo que iba a hacer después. Optimismo es la palabra, literal y perfecta.
Ramiro falleció al 3er día del postoperatorio. Luego de dos re operaciones y varias complicaciones, una coagulación intravascular diseminada fue un escollo insalvable para los denodados médicos que trabajaron con él. El pánico puso a su cuerpo en “modo alarma” activando el sistema simpático en forma continua y excesiva. La adrenalina y el cortisol fueron los abanderados de un cuerpo en situación de miedo extremo. Vasoplejía, redistribución de la energía, hipercoagulabilidad, inflamación sistémica… es decir, un inoportuno desequilibrio interno para afrontar semejante estrés quirúrgico.
Germán tuvo una infección en la prótesis valvular aórtica que le colocaron, pero con un germen que solo vemos en pacientes inmunodeprimidos: un hongo. Estuvo 90 días internado y tardó 9 meses en tener una recuperación total. La profunda tristeza por el duelo de su hija le alteró la inmunidad innata y le bajó las defensas para que un complicado germen oportunista lo invada. Está científicamente demostrado que una profunda tristeza disminuye nuestra capacidad inmune.
Alejandro se fue de alta al 5to día de la cirugía, y seguramente ya debe haber aprendido a tocar la guitarra con su hijo. Entró a quirófano en armonía con su cuerpo, con optimismo, con proyectos, y confianza en su equipo médico.
Tres historias con la misma alteración congénita y tres destinos diferentes.
Piense, estimado lector, hasta donde llega el poder de la mente antes de entrar a un quirófano. Reprogramar la cirugía cuando el paciente esté en estado de pánico, o cursando un duelo, debería ser lo más conveniente. Siempre y cuando, no sea una urgencia quirúrgica.
Dr. Martin Lombardero.
Autor del libro “El Corazon es Consciente” Editorial Planeta.
















