Los inversores particulares superan a los fondos de inversión en abril y se encaminan a registrar su mejor mes desde noviembre del 2020
Por Oráculo Del Este
El mercado quedó vulnerable y desorientado
En la nota anterior de Esteña Press vimos cómo el comienzo de la guerra cubría al mercado con un manto de incertidumbre, con cinco preocupaciones centrales: 1) la más importante, la suba del precio del petróleo y su impacto en la inflación; 2) la incertidumbre geopolítica y el riesgo de que el conflicto expandiera sus fronteras; 3) la evolución de las tasas de interés y el endeudamiento; 4) la infraestructura energética; y 5) el crecimiento global.
En ese clima de incertidumbre, el mercado tuvo una caída más que considerable: algunas acciones de primera línea llegaron a caer 35%, mientras que los índices retrocedieron casi un 15% desde sus máximos — el duodécimo peor inicio de año de la historia. También dijimos que Trump sabía que la guerra no podía extenderse demasiado, porque eso le complicaría su legado político. ¿Y adivinen qué? Hace un par de semanas Trump viene anunciando negociaciones avanzadas con Irán para terminar la guerra e iniciaron un «cese al fuego» bastante dudoso, porque nadie puede asegurar que el Estrecho de Ormuz se haya reabierto, y el petróleo WTI sigue cotizando alrededor de los 95 dólares. Sin embargo, los mercados viraron y volvieron a marcar máximos históricos, rallying más de 20% en las últimas 3 semanas con 13 días consecutivos de ganancias.
Nada se solucionó con la guerra: el petróleo sigue alto, la imagen de Trump bajó, el crecimiento económico aflojó y la infraestructura energética quedó lastimada. Pero los mercados volvieron a máximos. Es espectacular, son excelentes noticias — pero lo rancio del asunto es que alguien se benefició con la volatilidad, y los que se asustaron en medio de la guerra también los sacaron en camilla. Un dato que ilustra esta paradoja: los inversores particulares están superando a los fondos de inversión en 11 puntos porcentuales en lo que va de abril, encaminados a registrar su mejor mes relativo desde noviembre de 2020. No hay que pelearse con la tendencia — es una máxima en finanzas — y siempre dijimos que durante el gobierno de Trump la destrucción del mercado estaba descartada. Pero no dejo de pensar en las vulnerabilidades de un mercado cargado de riesgos que, de vuelta en máximos históricos, quedó expuesto al próximo cachetazo. Solo resta ver por dónde vendrá la piña y cuándo.
¿Se acuerdan que el Tesoro de USA compró acciones de Intel hace un par de meses por debajo de u$s 20? Al momento de cerrar esta nota, las acciones de Intel cotizan por encima de u$s 80, y con su rally arrastraron a todas las empresas de semiconductores (AMD, NVDA, TSM, etc). Vale aclarar que en el «piso» del mercado, en el peor momento de la guerra, Intel llegó a valer u$s 40 — es decir que metió un 100% en las últimas 3 semanas, un movimiento bestial. El catalizador fue el anuncio de que Tesla usará el proceso de fabricación 14A de Intel para el proyecto Terafab, una megafábrica de chips de IA en Austin, lo que representó una validación fundamental de la capacidad de manufactura de la empresa. Las empresas de semiconductores encadenaron 16 jornadas consecutivas al alza, la racha más prolongada registrada para ese segmento. La pregunta que queda flotando: ¿ya sabía Elon de este movimiento, o habrá sido Trump quien pidió que usaran los chips?
En general, Estados Unidos no se equivoca, y cuando se equivoca tiene los recursos para movilizar y demostrar que nada fue un error. Pero el día que realmente se equivoque, el día que no tenga razón, el día que tenga que guardar un muerto en el placard — ese día el dólar y las finanzas estadounidenses quedarán heridas de muerte.
No se equivoquen: esta guerra no fue gratis para Estados Unidos. El dólar se depreció contra casi todas las monedas. Ahora comprar productos estadounidenses es más barato para el mundo, pero ¿acaso no será ese el objetivo encubierto? Probablemente Trump buscaba con la guerra, además de dominar el negocio energético global, fomentar el crecimiento de Estados Unidos a través de la devaluación. Pero recuerden siempre: si devaluar generara competitividad, crecimiento económico y bienestar social, Argentina debería ser la potencia global después de tantas veces que devaluó. No es ninguna solución, y lo que probablemente veamos es un aumento importante de la inflación. Después veremos si la quieren blanquear o no. Aparentemente hay un funcionario de la Fed que quiere cambiar el método de cálculo de la inflación para que dé más bajo, emulando al ex Secretario de Comercio argentino Guillermo Moreno, quien ordenó manipular las estadísticas del INDEC para que la inflación diera menor y así pagar menos deuda. Spoiler: la inflación se disparó igual, él quedó inhabilitado para cargos públicos, el país perdió demandas internacionales (o sea que terminó pagando más) y la credibilidad argentina quedó destruida por varios años.
El FMI ya advirtió que un deterioro institucional, en particular de la independencia de los bancos centrales, podría aumentar las expectativas inflacionarias en un momento en que la inflación ya sube por el shock energético. En otras palabras, el FMI tiene miedo de que los bancos centrales se tienten a dibujar los números. Atentos con esto.
Otra tremenda paradoja: los mercados en máximos históricos, y el oro también. ¿Terminó la guerra? ¿Terminó la incertidumbre? Si fuera así, los mercados deberían subir con fuerza, pero el oro debería bajar — y eso no está sucediendo. O el mercado festeja la paz, o se cubre de la guerra, pero hacer las dos cosas a la vez al mismo tiempo dice mucho sobre la confusión reinante.
A fin de mes se reúne nuevamente la Fed, y lo más probable es que mantenga las tasas en 3,5%-3,75% por segunda reunión consecutiva. Powell reconoció la falta de visibilidad, con la política monetaria cada vez más condicionada por el precio del petróleo. El mercado descuenta una pausa prolongada que durará al menos todo el primer semestre. La reunión del 29 de abril probablemente no traiga sorpresas, pero si Powell diera señales de que la inflación energética lo obliga a subir tasas, los mercados que acaban de volver a máximos podrían recibir una piña importante.
Estamos en plena temporada de resultados y por ahora la foto es mixta. Netflix decepcionó: no pudo superar las perspectivas operativas y encima anunció la salida de Reed Hastings, su fundador, del directorio.
Tesla, por su parte, tuvo buenas ganancias contables pero entregas más bajas de lo esperado — construyó más de 50.000 autos de más, lo que significa que está empezando a acumular inventario, y eso no es buena señal. Además anunció un fuerte gasto en inteligencia artificial y robótica, lo que siempre genera dudas entre los accionistas sobre el foco del negocio.
La semana del 29 de abril es la más caliente: reportan Alphabet, Meta y Microsoft — el mismo día que la reunión de la Fed. Mucho ruido concentrado en 24 horas.
El mercado, para mi gusto, quedó vulnerable. Sin embargo, el momentum es muy fuerte, y es probable que en la nota del mes que viene sigamos asombrándonos de lo lejos y alto que llegaron los mercados.
No se olviden de escribirme a oraculodeleste@gmail.com con preguntas y comentarios. Gran parte de la nota está hecha en base a sus consultas. Hasta la próxima.
















