Uruguay volvió esta semana a los mercados internacionales con una jugada ambiciosa: la emisión de un nuevo bono global en pesos nominales con vencimiento en 2035 y la reapertura del bono en dólares 2037, por un total equivalente a US$ 1.850 millones.
Por Esteña Press
¿MÁS DEUDA O ESTRATEGIA?
EL REGRESO DE URUGUAY A LOS MERCADOS INTERNACIONALES
Uruguay volvió esta semana a los mercados internacionales con una jugada ambiciosa: la emisión de un nuevo bono global en pesos nominales con vencimiento en 2035 y la reapertura del bono en dólares 2037, por un total equivalente a US$ 1.850 millones. La operación, coordinada entre el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Banco Central del Uruguay (BCU), marca el cierre del programa de fondeo 2025 y, según el gobierno, consolida la estrategia de desdolarización de la deuda pública.
Pero, ¿qué significa realmente este movimiento? ¿Es un signo de confianza del mercado o una maniobra para cubrir un déficit creciente sin tocar el gasto?
El contexto: deuda, tasas y apetito por riesgo
El nuevo bono en pesos, emitido a 10 años con tasa fija del 8% anual, es el más barato que Uruguay ha logrado desde que accede a los mercados internacionales. El tramo en dólares, reabierto al 4,73% con un spread de solo 78 puntos básicos sobre el Tesoro estadounidense, también representa un récord de bajo costo financiero.
Detrás de esos números hay un mensaje: Uruguay sigue siendo un “alumno aplicado” en la región, percibido como estable, institucionalmente sólido y predecible. La demanda total —que alcanzó casi US$ 3.800 millones, el doble de lo ofertado— confirma que los inversores internacionales siguen confiando en el país, incluso en un contexto global de tasas altas y desaceleración.
Sin embargo, el lado menos visible del éxito es que la deuda sigue creciendo. Solo en los primeros nueve meses de 2025, el endeudamiento bruto del gobierno central llegó a US$ 3.610 millones, y las necesidades de financiamiento para 2025 superarán los US$ 6.300 millones.
øQuÈ es un bono global y por quÈ importa su moneda?
Un bono global es una herramienta de deuda que permite a un país captar fondos en los mercados internacionales. Se emite bajo legislación extranjera (en este caso, estadounidense), lo que da confianza a los inversores. Lo innovador aquí es que el nuevo bono está denominado en pesos uruguayos (UYU), aunque se vende en dólares. En otras palabras, el Estado promete pagar en moneda local, pero al tipo de cambio vigente al momento del vencimiento. Con esto, el gobierno busca reducir el riesgo de dolarización de su deuda —actualmente más del 50%— y fortalecer el mercado de capitales en moneda nacional.
En paralelo, la emisión incluye una recompra de bonos más cortos (2028 y 2031) y Notas del Tesoro locales, lo que permite suavizar el perfil de vencimientos futuros. Es decir, patear hacia adelante los compromisos, pero en condiciones más favorables.
La lectura del mercado: confianza con cautela
La operación fue coordinada por Bank of America, HSBC e Itaú BBA, tres jugadores de peso que no habrían acompañado la colocación sin señales claras de solvencia fiscal. A su vez, la tasa obtenida sugiere que Uruguay se mantiene en el radar de los fondos globales que buscan rendimientos moderados con bajo riesgo político.
Pero no todo es euforia. Algunos analistas advierten que la emisión en pesos puede inflar la ilusión de desdolarización, dado que el grueso de los compradores son inversores internacionales que miden sus rendimientos en dólares. En la práctica, se trata de un bono en pesos con riesgo dólar: si la moneda local se deprecia, el costo real para el Estado sube.
Entre el pragmatismo y la dependencia
El MEF celebra haber alcanzado “la tasa más baja en pesos y dólares de la historia”. Es un logro técnico innegable. Sin embargo, detrás del titular, persiste la dependencia estructural del país respecto al endeudamiento para financiar políticas públicas, infraestructura y gasto corriente.
En un año en que el gobierno proyecta necesitar más de US$ 6.000 millones para cubrir su presupuesto, el regreso a los mercados parece menos una celebración y más una necesidad impostergable.
Emitir deuda no es, en sí mismo, un signo de debilidad. Pero lo preocupante sería acostumbrarse a verla como solución estructural. Uruguay mantiene su buena nota crediticia porque cumple, pero cada bono nuevo es también una apuesta a que el futuro seguirá siendo tan predecible como el pasado. El riesgo no está en endeudarse, sino en no transformar ese endeudamiento en crecimiento real, innovación y productividad. Porque los mercados —igual que los países— premian la estabilidad… hasta que deja de ser rentable.
















