Este 20 de diciembre, el ya icónico restaurante de La Juanita inaugura su tercera temporada, y lo hace con una narrativa clara: el ida y vuelta entre Uruguay y Europa
Por Esteña Press
GURISA: la temporada que une Uruguay y Europa
Hay restaurantes que crecen por acumulación y otros que lo hacen por sentido. Gurisa pertenece a los segundos. Este 20 de diciembre, el ya icónico restaurante de La Juanita inaugura su tercera temporada, y lo hace con una narrativa clara: el ida y vuelta entre Uruguay y Europa, marcado por la reciente apertura de Gurisa Madrid, hoy motor creativo de su nueva etapa.
A veinte minutos de Punta del Este, Gurisa vuelve a encender sus brasas por apenas ocho semanas al año (del 20 de diciembre al 20 de febrero). Tras un primer verano fundacional y un segundo de consolidación, la temporada 2025/26 representa un punto de inflexión. La cocina de fuego de Lucas Bustos se expande sin perder raíz, incorporando la experiencia madrileña como un diálogo vivo, no como una réplica.
Este verano, el intercambio es literal: parte del equipo de Gurisa Madrid viaja a Uruguay, con foco en arroces y técnicas que enriquecen la propuesta local. Un cruce transatlántico que suma capas sin traicionar el ADN del proyecto: producto, fuego, tiempo y hospitalidad.
El espacio —una casa de una planta diseñada por Andrés Villalba e intervenida por Patricia Torres (Santas Negras)— profundiza su estética selvática, con madera, piedra y vegetación como marco para una experiencia serena. Al frente del proyecto, Bustos y Agustina Vela, jefa de sala, sostienen una visión compartida: excelencia sin rigidez, detalle sin solemnidad.
El fuego es el lenguaje común. En Uruguay se expresa en platos como la picaña negra de seis horas, el pejerrey de laguna al hierro, la brótola al horno de leña o el ossobuco de cordero. En Madrid —en pleno Chamberí— dialoga con arroces al fuego, cochinillo, entraña y una bodega curada con mirada ibero-ríoplatense.
A un lado y otro del océano, Gurisa propone lo mismo: una cocina de tribu, donde lo ancestral convive con la técnica y donde las brasas no apuran. Porque cuando el fuego es honesto, el viaje siempre vale la pena.

















