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El futuro de Agreste está aquí

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Tras vender más del 50% de sus lotes en apenas diez meses, Agreste Punta Negra entra en una nueva etapa y se asocia con Sahyoun Properties para desarrollar una colección limitada de residencias de autor.

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El futuro de Agreste está aquí

Tras vender más del 50% de sus lotes en apenas diez meses, Agreste Punta Negra entra en una nueva etapa y se asocia con Sahyoun Properties para desarrollar una colección limitada de residencias de autor.

Agreste comienza a materializarse. A diez meses del inicio de su comercialización, más del 50% de sus lotes ya encontraron propietario y el proyecto entra ahora en una nueva etapa: la llegada de sus primeras residencias.

Desde su origen, Agreste fue pensado como mucho más que un desarrollo de tierra. Un Club de Campo y Mar donde paisaje, arquitectura, naturaleza y una determinada manera de vivir pudieran convivir en equilibrio. La respuesta de estos primeros meses confirmó que esa visión encontró eco en personas que buscaban algo diferente en la costa uruguaya. Y, con esa conexión, comenzaron también a aparecer nuevas necesidades.

Mientras algunos propietarios empezaban a imaginar las casas que construirían desde cero, otros llegaban una y otra vez con la misma pregunta: ¿existe la posibilidad de comprar en Agreste una casa ya resuelta?

Esa demanda señaló el siguiente paso. El desafío no era simplemente encontrar quién construyera esas casas, sino quién pudiera entender Agreste lo suficiente como para crearlas.

Así comenzó el vínculo con Sahyoun Properties, desarrolladora brasileña especializada en residencias de alta gama y arquitectura de autor, con 13 años de trayectoria y presencia en algunos de los desarrollos residenciales más reconocidos de Brasil. Su portfolio incluye proyectos en Fazenda Boa Vista, Fazenda da Grama, Fazenda Vista Verde, Almarias y Trancoso, y trabajos junto a nombres como Antonio Scarpa, Sig Bergamin, Carolina Maluhy, Meireles + Pavan y Bernardes Arquitetura.

“Cuando pensamos en las residencias, era muy importante encontrar un socio que entendiera que Agreste no podía recibir simplemente un producto inmobiliario convencional. Las casas tenían que surgir de la misma lógica del proyecto: respeto por el paisaje, arquitectura de calidad, integración con el entorno y atención a los detalles. En Sahyoun encontramos experiencia y capacidad de ejecución, pero sobre todo una sensibilidad muy alineada con lo que estamos construyendo”, explica Carlos Eduardo Silveira, socio director de Agreste Punta Negra.

El resultado será una colección limitada de residencias concebidas especialmente para Agreste, donde la arquitectura partirá de la relación con la topografía, las vistas, la luz y el paisaje. Una filosofía que también atraviesa el trabajo de Sahyoun: antes de la arquitectura está la lectura del lugar y del entorno.

“Es el primer proyecto internacional de Sahyoun y elegimos un lugar que dialoga directamente con nuestro público. La presencia de la bodega, la gastronomía y la relación con el paisaje hacen de Agreste un lugar muy especial”, señala Alexandre Sahyoun, fundador de Sahyoun Properties.

La alianza amplía así las posibilidades de vivir en Agreste. Quienes quieran desarrollar una casa propia podrán continuar haciéndolo dentro de los lineamientos arquitectónicos del Club. A esa posibilidad se suma ahora una nueva: elegir una residencia concebida, desarrollada y entregada como parte del universo Agreste.

Las primeras casas se encuentran actualmente en etapa de proyecto y está previsto que las obras comiencen en 2027. Para Sahyoun, será además su primer desarrollo internacional, después de una trayectoria que suma más de 68.000 m2 construidos.

Para Agreste, sin embargo, el significado va más allá de sumar una nueva propuesta residencial. Es empezar a ver materializada la vida que se imaginó para esas 170 hectáreas en la falda del Cerro Las Espinas: un lugar entre mar, cerros, monte nativo y viñedos, donde la familia Bouza desarrolla también la bodega y el restaurante Las Espinas, integrando naturaleza, gastronomía y cultura del vino a la experiencia cotidiana.

“Desde el principio imaginamos Agreste como un lugar vivo. Pensamos en el paisaje, pero también en las personas que iban a habitarlo, en sus casas, en sus recorridos, en cómo se encontrarían. Empezar a ver aparecer esas primeras residencias es también empezar a ver materializada aquella idea que dio origen a Agreste”, señala Lucía Bouza.

Agreste entra así en una nueva etapa. El paisaje ya estaba. La comunidad empezó a llegar. Ahora comienza a aparecer la arquitectura que lo va a habitar.

El futuro de Agreste está aquí.

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