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Una persona, siete agentes: así intento gestionar una empresa

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El mundo no está preparado para trabajar con agentes, pero avanza a una velocidad increíble. Y yo decidí meterme de lleno en ese desfase.

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Soy Martín, ingeniero y apasionado por la tecnología y la innovación. Lideré una travesía inédita recorriendo la Ruta Panamericana, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, en dos autos eléctricos y autónomos Tesla. Creo firmemente que la tecnología de punta tiene el poder de transformar lo que hoy parece imposible en el estándar del futuro.
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Una persona, siete agentes: así intento gestionar una empresa

La primera vez que puse a mis agentes de IA a trabajar con Meta Ads y Google Ads, las dos plataformas me bloquearon las cuentas. Esos sistemas están pensados para que los opere una persona, y un software que entra, configura y lanza campañas todavía no tiene lugar ahí. El mundo no está preparado para trabajar con agentes, pero avanza a una velocidad increíble. Y yo decidí meterme de lleno en ese desfase.

No soy desarrollador. Soy ingeniero industrial mecánico, vinculado con la tecnología hace años. Cuando salió Cursor empecé a probarlo en proyectos chicos. En UYTECH armé nuestro primer dashboard comercial y lo reconstruí tres veces: las herramientas no estaban prontas, y yo tampoco. Después vino Mateo-fonico, un kit de juegos de fonemas y sílabas que hice para mi hijo Mateo, que estaba trabado con la lectura. Son sesiones de diez o quince minutos, antes de que se canse, y está publicado en GitHub Pages.

De esa curva de aprendizaje nació Zendo. Empezó como un chatbot y hoy es zendo.uy, una plataforma de real estate en Uruguay. Buscás como hablás («casa con jardín en Pocitos hasta 280 mil dólares»), ofertás en la plataforma y cerrás con 1% del vendedor, 1% del comprador y 1% de escritura, más IVA, contra el 3+3+3 que se toma como referencia en plaza. Agentes de IA revisan títulos y certificados y redactan los documentos; un escribano matriculado los revisa, firma y se hace responsable.

Pero lo que más me interesa no es el producto, sino cómo está armada la empresa. El objetivo es que la gestionen agentes al 100%. Hoy somos una persona y siete agentes, sin un equipo humano detrás de cada rol. Un Chief of Staff orquesta al resto, prioriza y solo me pide una decisión cuando importa: gasto, seguridad o lo que se promete del producto. Marketing piensa en compradores y vendedores reales. Build in Public prepara borradores para X al estilo de Pieter Levels, el emprendedor que construye sus productos a la vista de todos. Fundraising trabaja con inversores ángeles de Uruguay y Argentina. Un Country Manager prepara el terreno para operar en Argentina. Un abogado cubre términos, datos personales y comisiones. Y ciberseguridad vigila la infraestructura. Cada mañana recibo un informe de marketing y una propuesta de publicaciones para Instagram.

Casi siempre hablo con un solo agente: el Chief of Staff. Él reparte el trabajo entre los demás y me trae lo que necesita una decisión mía. Cada agente tiene su propio chat conmigo, pero lo uso poco. El producto lo construyen y lo despliegan agentes de código en la nube, conectados al repositorio en GitHub. Donde no hay una integración directa, como en Instagram, los agentes comparten una computadora con un navegador donde tienen sesión iniciada, y trabajan como lo haría una persona: abren la página, cargan las fotos, escriben el texto. Las métricas de uso de la plataforma las leen ellos mismos y me las traen resumidas. Mi rol no es operar nada de eso.

Mi trabajo es instruir y corregir. A veces es un «así no» en el chat; otras, un «publicalo» o «mañana, vendedores». Lo que se repite se convierte en regla escrita: qué se puede decir del producto y qué no, cómo suena la marca, un archivo de posts aprobados y rechazados. Cuando cierro una decisión, queda en memoria para no tener que repetirla. Y hay una regla que no se negocia: ningún agente publica ni gasta un peso sin mi aprobación.

Lo que más aprendí es que un agente persigue el objetivo que le das, y los límites hay que escribirlos. Zendo indexa miles de avisos de portales, pero lo que comercializamos de verdad —lo propio y lo acordado con colegas— es una fracción, y así hay que decirlo. No usamos fotos con marcas de agua ajenas ni inventamos métricas. Nada de eso sale solo: está escrito.

El 100% todavía choca con el mundo real. Las plataformas de publicidad desconfían de un agente, y la ley exige que la escritura la firme un escribano. Quizás el límite no sea técnico. ¿Qué parte de una empresa estamos dispuestos a delegar, y quién responde cuando el que decide es un agente?

zendo.uy

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