Bienestar

El órgano clave de la longevidad

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Cuando pensamos en longevidad, solemos considerar al corazón, el cerebro o los genes. Sin embargo, uno de los factores más determinantes de cómo envejecemos es algo que rara vez consideramos un órgano en sí mismo: el músculo esquelético.

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El órgano clave de la longevidad

Cuando pensamos en longevidad, solemos considerar al corazón, el cerebro o los genes. Sin embargo, uno de los factores más determinantes de cómo envejecemos es algo que rara vez consideramos un órgano en sí mismo: el músculo esquelético.

El músculo es mucho más que fuerza. Es un tejido metabólicamente activo que participa en la regulación de la glucosa, la sensibilidad a la insulina, la salud mitocondrial, el control de la inflamación, la salud ósea e incluso en la comunicación entre distintos sistemas del organismo mediante moléculas de señalización llamadas mioquinas.

Y comenzamos a perderlo mucho antes de lo que la mayoría de las personas imagina.

La pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento —conocida como sarcopenia— puede comenzar décadas antes de que aparezca la fragilidad. Con el tiempo, no solo disminuye la masa muscular, sino también la fuerza, la potencia y esa reserva fisiológica que nos permite responder a las exigencias de la vida.

Porque, en definitiva, eso es lo que buscamos preservar.

La capacidad de subir escaleras. Llevar nuestra propia valija. Levantarnos del suelo sin ayuda. Caminar por un sendero en un lugar hermoso. Bailar en un casamiento. Montar a caballo. Jugar con nuestros nietos.

Seguir siendo protagonistas de nuestra vida, y no simples espectadores.

Construir esa reserva requiere mucho más que un solo tipo de ejercicio. El entrenamiento de fuerza le indica al cuerpo que conserve y desarrolle músculo. El entrenamiento en Zona 2 —es decir, actividad aeróbica de intensidad moderada en la que aún podemos mantener una conversación, como caminar a paso ligero o andar en bicicleta—  fortalece nuestras mitocondrias, mientras que los ejercicios de mayor intensidad ayudan a mantener el VO₂ máximo, uno de los indicadores más importantes de nuestra capacidad cardiorrespiratoria.

La fuerza y la capacidad aeróbica trabajan en conjunto. Una nos da el poder para involucrarnos plenamente con la vida; la otra, la resistencia para seguir disfrutándola.

La nutrición también desempeña un papel fundamental. Consumir una cantidad adecuada de proteínas es esencial, y la creatina es uno de los compuestos más estudiados por su capacidad para preservar la masa muscular y la fuerza con el paso de los años. La evidencia científica es tan sólida que desarrollé mi propia formulación, que combina creatina monohidratada, HMB y acetil-L-carnitina para favorecer la salud muscular, la recuperación y la producción de energía a nivel celular.

Esto es la Longevidad Consciente.

No se trata de perseguir la juventud. Ni de acumular biomarcadores únicamente para vivir más tiempo.

Se trata de construir un cuerpo capaz de llevarnos hacia aquello que realmente importa, durante el mayor tiempo posible.

La ciencia nos brinda las herramientas. El alma nos da el propósito.

Si te interesa descubrir cómo aplicar la ciencia de la longevidad a tu vida cotidiana, suscríbete al newsletter semanal The Journal de la Dra. Kathryn Dundas escribiendo a hello@asublimelife.ca.

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