Ha habido un accidente en la ruta principal. Justo en la intersección con otra ruta que se abre hacia el pueblo vecino. Un camión flete que transportaba alimentos volcó en la banquina.
¿Quién es el culpable que tapa nuestras arterias?
Por Esteña Press
Cuento Cortos para la Toma de Consciencia nro 19
¿Quién es el culpable que tapa nuestras arterias?
Dr. Martín Lombardero
Ha habido un accidente en la ruta principal. Justo en la intersección con otra ruta que se abre hacia el pueblo vecino. Un camión flete que transportaba alimentos volcó en la banquina.
El juez de turno llega al lugar del accidente y pregunta: “¿Quién fue el culpable de este accidente? ¿La carga que llevaba el flete? ¿Un defecto mecánico del vehículo? ¿El chofer que manejaba el camión? ¿El control satelital del camión que debía haberlo guiado? ¿La banquina que estaba rota? ¿El que diseñó la red vial? Vamos a requerir una minuciosa investigación para hallar al culpable”.
En esta alegoría, el hígado es la fábrica (no es la única) que genera la carga… y la carga es el colesterol. El flete que la transporta por la sangre a los tejidos, es una proteína llamada ApoB. Cuando el flete carga el colesterol en su caja, pasa a llamarse lipoproteína LDL. Las rutas son las arterias y la banquina representa la capa más interna de la pared arterial, el endotelio (clave para el funcionamiento de la red arterial). El control satelital es la mente y finalmente la policía está representada por la inflamación, es decir, los glóbulos blancos.
Cuando llega la policía se come la carga derramada (los macrófagos fagocitan el colesterol) que queda retenida en la pared arterial y comienza un proceso biológico complejo: la inflamación.
El flete retenido en la pared de la arteria, el colesterol derramado y la inflamación, forman la placa de ateroma (ateroesclerosis), que generalmente crece lentamente y permanece estable durante años; pero que, en determinadas circunstancias, puede complicarse y provocar un infarto o un accidente cerebrovascular.
Ahora imaginemos que llega el juez biológico y pregunta quién es el culpable.
El hígado dice que produce colesterol porque es indispensable para la vida y que lo envía a los tejidos utilizando fletes (ApoB) especializados. La ApoB (el flete) afirma que su función es la distribución, y que realiza ese trabajo trillones de veces sin inconvenientes. El colesterol basa su defensa diciendo que es solo la carga, y que el culpable debería ser el flete que vuelca en la banquina (el endotelio) y que la policía no hace bien su trabajo. La banquina interrumpe afirmando que estaba alterada por culpa de los malos hábitos del dueño del cuerpo, que fuma y está estresado. La policía (inflamación) se defiende diciendo que cuando no puede eliminar algo (en este caso la carga desparramada en la banquina) la encapsula como puede. Y que hizo lo que pudo.
Además, antes de la sentencia, el juez debe considerar el tipo de red arterial donde ocurrió el accidente. En las bifurcaciones y en las curvas, el flujo sanguíneo es turbulento. En esos sitios la pared arterial (banquina/endotelio) es sometida a mayores tensiones mecánicas y resulta más vulnerable a la retención de los fletes que transportan colesterol.
Después de escuchar atentamente todos los testimonios, el juez llega a una conclusión. La ateroesclerosis no puede explicarse por un único culpable.
Los camioncitos LDL (APOB + Colesterol) son necesarios para que la enfermedad se desarrolle, pero también intervienen la salud del endotelio, la inflamación, la genética, la alteración del metabolismo, la calidad del sueño, el estrés, la alimentación, el sedentarismo, las características de cada arteria… y los hábitos de cada individuo. Por eso, más que hablar de culpables, debemos hablar de responsables.
Las medicaciones pueden ayudar a reducir el número de partículas que circulan por la sangre y disminuir el riesgo. Pero el proceso comienza mucho antes, cuando se alteran los mecanismos que mantienen la pared arterial sana y cuando nuestros malos hábitos favorecen la inflamación y el deterioro vascular.
Quizás la pregunta más importante no sea quién tiene la culpa, sino qué podemos hacer para cuidar mejor nuestra red arterial.
La biología humana es extraordinariamente inteligente. El ser humano no. No valoramos el extraordinario cuerpo que tenemos. Nos es más fácil adquirir malos hábitos, que tener disciplina para cuidarnos. Por eso, actuar sobre los factores que podemos modificar, es probablemente una de las claves para prevenir la enfermedad arterial.
Finalmente, el juez biológico dio su veredicto: “Debido a que en la ateroesclerosis existen múltiples responsables, conocerlos es el principal paso para prevenir la enfermedad con mayor mortalidad en el ser humano: la enfermedad cardiovascular”.
Dr. Martin Lombardero.
Autor del libro “El Corazon es Consciente”















