El accesorio estrella de la primavera-verano 2026 no es nuevo, ni tecnológico, ni exclusivo: es un pañuelo.
Por Esteña Press
El pañuelo vuelve (y no es nostalgia)
Mientras los bolsos se despiden —al menos por ahora— de charms estridentes y juguetes colgantes, la moda vuelve la mirada hacia un gesto mínimo, casi doméstico. El accesorio estrella de la primavera-verano 2026 no es nuevo, ni tecnológico, ni exclusivo: es un pañuelo. El más simple de todos. Ese que pasó años doblado en un cajón, lejos de la naftalina y cerca de la memoria. Humilde, ageneracional y sorprendentemente poderoso, el pañuelo se consagra como protagonista absoluto de las pasarelas.
No es una intuición: lo confirman las semanas de la moda. Casi no hubo colección en la que no apareciera, discreto pero decisivo, capaz de transformar un look sin imponerse. El lujo, esta vez, está en el gesto.
Llevarlo a la cabeza es, sin discusión, la forma dominante. Alberta Ferretti y Staud lo anudan a la nuca en versiones XL, satinadas o de gasa; Conner Ives elige tejidos livianos; Private Policy y Tanner Fletcher recuperan el clásico babushka bajo la barbilla; mientras Sea propone un guiño híbrido: pañuelo sobre —o bajo— la gorra con visera. Pero el truco más repetido mira directo a los 2000: un pañuelo pequeño atado detrás de la cabeza, como el que Rosalía llevó en el front row de Calvin Klein. Skall Studio, Sandy Liang y Emilia Wickstead confirman que la nostalgia sigue siendo un motor estético confiable.
Ese mismo gesto dominó el street style de Copenhague: pañuelos de raso o bandana acompañando desde vaqueros con chaleco blanco hasta vestidos de lentejuelas con aire grunge. En melenas rizadas, además, funciona como aliado práctico y chic.
La otra gran apuesta es llevarlo al cuello o a la cintura. Toga propone versiones largas, con varias vueltas; Prabal Gurung lo convierte en fular elegante; Herskind y Lafayette 148 lo anudan en pico a la espalda. Y, para las iniciadas, vuelve la fórmula que Leandra Medine instaló: pañuelo a la cadera, en pico, como acento inesperado.
La conclusión es clara: en 2026, menos ruido, más intención. Y un pañuelo basta.
















