Marcelo sintió que su alma se partía y que su cuerpo se estaba yendo con ella.
Por Esteña Press
Cuento Cortos para la Toma de Consciencia Nro 11
Cuando el Corazón es Consciente
Dr. Martín Lombardero
Marcelo sintió que su alma se partía y que su cuerpo se estaba yendo con ella. Su hermana, quien lo había criado después que sus padres fallecieran en un accidente, estaba internada en los que serían sus últimos días, por un cáncer pulmonar de injusta, tórpida y rápida evolución. Se había enterado tarde de la enfermedad de su hermana, porque en su entorno no querían que se afligiera, esperando una recuperación que nunca llegó. Con un profundo dolor en su alma, juntó fuerzas para ir verla.
Al ingresar en la fría sala de espera del Hospital, se desvanece. Rápidamente, el personal de salud se dio cuenta que no era un simple desmayo. Marcelo estaba teniendo una muerte súbita. Una arritmia ventricular maligna había decidido acabar con su vida. Pero el destino quiso que le ocurriera en un centro de salud, con las herramientas necesarias para reanimarlo. Luego de las maniobras de Resucitación Cardio Pulmonar (RCP) y cardioversión eléctrica, se reestableció su pulso vital. El electrocardiograma post reanimación demostró que el desencadenante de la muerte súbita era una obstrucción coronaria, es decir un infarto, que, sin aviso ni antecedentes previos, salta a la luz, para intentar quitársela, a sus 59 años de vida. Rápidamente fue llevado a la sala de hemodinamia donde abrieron y eliminaron el coágulo que tapaba la coronaria culpable del infarto, le colocaron un stent, y quedó internado a metros de su hermana sin que ella lo sepa. Aunque lo intuía, por la gran conexión que entre ellos tenían.
Marcelo es un brillante físico e ingeniero. Siendo supervisor y jefe de mantenimiento de una central atómica de su país, su grado de responsabilidad y profesionalismo lo llevaron a una máxima dedicación por su trabajo, cuyo costo se reflejaba en un estado de estrés permanente. Llevaba más de 25 años trabajando con un alto grado de responsabilidad, siendo una figura casi imprescindible en la central nuclear. Vivía para trabajar, y no destinaba tiempo para aflojar su tensión psíquica. El sedentarismo y tabaco, eran sus equívocas compañías y herramientas para mitigar el estrés.
Más de la mitad de las personas de la edad de Marcelo ya tienen algún grado de enfermedad coronaria, pero que no tiene por qué manifestarse en su vida y quizás solo se encuentre en autopsias. Pero Marcelo no se enferma el día de la muerte súbita, sino varios años antes. Algunos genes de indudable predisposición, la tóxica relación de amistad con el cigarrillo, y un estrés laboral no bien canalizado, pueden haberle generado un estado crónico de inflamación, que es la base de muchas enfermedades, como la ateromatosis coronaria. Pero el gatillo, el desencadenante final, quien termina apretando el botón, es una profunda e intensa emoción, una angustia sin fin, que termina por completar la tormenta perfecta.
Las hipótesis son varias y todas pueden ser válidas.
¿Puede un estado de angustia extrema, inflamar y romper una placa de ateroma?
¿Puede inestabilizar una placa y generar las condiciones para que un coágulo tape la arteria coronaria?
¿Puede un estado de estrés extremo cambiar las condiciones reológicas de la sangre y aumentar las chances de hacer coágulos?
¿Puede un estado de profunda tristeza disminuir la inmunidad o cambiar las condiciones del sistema inmune?
¿Quiso Marcelo acompañar a su hermana, yéndose él también de este plano…? La mente puede ser mucho más poderosa de los que nosotros creemos.
Un estado de tensión psíquica, donde predomina el sistema simpático, genera múltiples cambios radicales en la química de la sangre que rodean nuestras células. No solo aumenta la glucosa en sangre, sino que también disminuye la inmunidad y aumenta el estado de coagulabilidad. Y pueden ser el gatillo de una alteración latente, dormida y mediada por la inflamación, como es el caso de una coronaria súbitamente obstruida. Actualmente, Marcelo está cursando el duelo de su hermana, intentando entender el tsunami que lo atravesó. Pero su caso nos enseña que el estrés laboral no bien canalizado, sumado a un factor tan inflamatorio como el tabaquismo, son un terreno predisponente para que, ante un reciente y súbito estado de emoción negativa, pueda existir también un súbito desenlace. Nuestra mente, es muy poderosa. Y al final de cuentas… el corazón es consciente.
Martin Lombardero. Autor del Libro “El Corazón es Consciente” (Editorial Planeta)
















