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¿Qué pasa cuando sos pobre de tiempo?

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Estábamos en la playa cuando mi amigo Valentín Weisman —90 años, alumno, cliente, lúcido y activo— le hace una pregunta directa a su mujer:
—¿Somos pobres o somos ricos?

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Me especializo en el entrenamiento y la preparación física consciente. Lee mis notas e incorpora conocimientos básicos de anatomía y biomecánica y aprenden la importancia del movimiento, la respiración, la movilidad, la estabilidad, la fuerza y el acondicionamiento general.
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¿Qué pasa cuando sos pobre de tiempo?

El otro día, en el cumpleaños de una amiga, acá en Punta del Este, tuve una de esas conversaciones que quedan resonando. Estábamos en la playa cuando mi amigo Valentín Weisman —90 años, alumno, cliente, lúcido y activo— le hace una pregunta directa a su mujer:

—¿Somos pobres o somos ricos?

Ella responde duda un poco y dice:

—Somos ricos.

Valentín sonríe y dice:

—No. Somos pobres de tiempo.

La frase no sonó dramática. Sonó verdadera.

Vi que Valen tenía el último Apple Watch y le pregunté cuántos pasos hacía por día. Nos pusimos a charlar, y eso me llevó a contarle la importancia de medir la actividad física no programada: cuánto nos movemos fuera del entrenamiento formal y programado. El doctor James Levine lo explica muy bien en su libro Get Up!: no alcanza con entrenar una hora si el resto del día vivimos sentados. Gracias a James Levine, hoy somos más concientes de esto y tenemos una buena herramienta para medir aproximadamente nuestra actividad física no programada, y es contando pasos.

Valentín se rió y me contó su estrategia en Buenos Aires. Camina desde su casa a la oficina. Camina hasta el café. Y cuando quiere caminar más, va al supermercado. Se sabe los precios de memoria. A veces no compra nada. Agarra un carrito y lo usa, como dice él, “de andador a escondidas”, recorriendo pasillos para sumar pasos. Movimiento con intención.

Después me contó que en su casa tiene una cama que usa de camilla, donde repite los ejercicios que le damos cuando está en Uruguay. No porque alguien lo controle. Porque entiende algo esencial:

“No tengo tiempo para perder. Soy pobre de tiempo”.

Y ahí está el punto. A cierta edad, la salud deja de ser estética o deportiva. Pasa a ser una cuestión de gestión del tiempo que queda. No desde el miedo, sino desde la lucidez.

Ser pobre de tiempo no es una tragedia. Es una condición. Y se puede administrar bien o mal.

Por eso contar los pasos no es una moda: es conciencia.

Moverse todos los días es una forma de preservar autonomía.

Invertir en el cuerpo es invertir en independencia.

Valentín no se mueve para vivir más años. Se mueve para vivir mejor el tiempo que tiene.

Este hábito es esencial no solo a los 90 años, sino toda la vida. Los incentivarlos a tomar conciencia de esto lo antes posible y ser proactivos para incorporar estos hábitos.

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