Cada año, cuando marzo llega, respiramos distinto. La arena vuelve a ser nuestra. Las calles recuperan su silencio. Y Punta del Este, por fin, se parece a lo que amamos.

Marzo nos pregunta qué ciudad queremos ser
Cada año, cuando marzo llega, respiramos distinto. La arena vuelve a ser nuestra. Las calles recuperan su silencio. Y Punta del Este, por fin, se parece a lo que amamos.
Es en este mes —no en enero, no en febrero— cuando quienes elegimos vivir aquí nos miramos y nos reconocemos. El balneario deja de ser escenario y vuelve a ser hogar. Marzo es nuestro mes. El que nos recuerda por qué nos quedamos. Y precisamente por eso, este año, marzo incomoda.
Mientras recuperamos la calma, las grúas no se detienen. Mientras volvemos a caminar la rambla sin apuro, en Parque del Golf las demoliciones avanzan sobre casas firmadas por algunos de los mejores arquitectos del Río de la Plata. La casa Poseidón, proyectada en 1978 por Samuel Flores Flores, sigue amenazada. Desde hace más de una década, la Facultad de Arquitectura propone su protección sin que nadie termine de escuchar. La hemos señalado desde el auto. La hemos fotografiado. La hemos usado para explicar, a quien nos visita, qué hace especial a esta ciudad.
Hoy podría desaparecer.
La urbanista Jane Jacobs escribió que “las nuevas ideas deben utilizar los viejos edificios”. No para congelar el tiempo, sino para no perder el alma.
Aquí, a veces, el alma parece cotizar en metros cuadrados.
Tenemos apenas tres construcciones declaradas Patrimonio Histórico Nacional.
Tres. En una ciudad que hizo de la arquitectura, el paisaje y la memoria parte de su identidad. No se trata de oponerse al crecimiento. La inversión es real. El empleo existe. El dinamismo económico también forma parte de lo que somos.
Pero cuando la excepción se vuelve norma, cuando la altura supera sistemáticamente el límite previsto, cuando lo público empieza a privatizarse con naturalidad, la discusión deja de ser técnica. Se vuelve cultural.
En José Ignacio, algunos vecinos lo expresaron con una frase incómoda: “No queremos ser Punta del Este”. Más que una consigna, es un espejo. Tal vez la pregunta no sea qué rechazan, sino qué estamos proyectando.
Marzo no es solo el mes en que organizamos el año. Es el mes en que, sin el ruido de la temporada, podemos preguntarnos qué ciudad queremos habitar. No qué ciudad vender. Qué ciudad vivir.
La respuesta no la tiene el mercado.
La tenemos nosotros.
Pero hay que elegir antes de que otros elijan por nosotros.
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