Una pausa administrativa, una señal política y un interrogante abierto para Uruguay: cuando Washington aprieta, Montevideo toma nota… y espera.
Por Esteña Press
La trumpeada migratoria
Una pausa administrativa, una señal política y un interrogante abierto para Uruguay: cuando Washington aprieta, Montevideo toma nota… y espera.
Hay decisiones que no caen como un rayo, sino como una llovizna persistente que termina calando. El pasado 14 de enero, la administración de Donald Trump anunció la suspensión del procesamiento de visas de inmigrantes para ciudadanos de 75 países, entre ellos Uruguay. No se trata de una prohibición total ni de un cierre de fronteras cinematográfico. Es, en cambio, una “pausa” técnica con aroma político que vuelve a poner a la migración en el centro del tablero geopolítico.
El Departamento de Estado difundió la medida y Fox News publicó un memorando interno que instruye a los funcionarios consulares a endurecer criterios mientras se revisan los procedimientos. La Cancillería uruguaya, por ahora, no recibió notificación oficial, aunque ya activó contactos diplomáticos. En paralelo, el embajador estadounidense Lou Rinaldi se reunirá con el presidente Yamandú Orsi en Suárez y Reyes: escena clásica donde la diplomacia habla en voz baja, pero con efectos duraderos.
Conviene aclarar el punto clave que evitó más de un sobresalto: la suspensión alcanza a las visas de inmigrantes, destinadas a quienes buscan residir permanentemente en Estados Unidos y eventualmente acceder a una green card. No afecta, al menos por ahora, a las visas de no inmigrantes —turismo, negocios, estudios— las conocidas B1/B2, que sostienen buena parte del flujo uruguayo hacia el norte. Dicho de otro modo: viajar sigue en pie; mudarse, no tanto.
¿Por qué ahora? La Casa Blanca lo presenta como una revisión para impedir el ingreso de personas que puedan convertirse en “carga pública”. Un concepto técnico, sí, pero también ideológico. Trump celebra haber revocado más de 100.000 visas en su primer año y duplicado los rechazos respecto a Biden. La migración vuelve a ser bandera y mensaje electoral.
Para Uruguay, el impacto es más simbólico que numérico. No es un gran emisor de migrantes, pero sí un socio que avanzaba hacia el Visa Waiver. La noticia enfría expectativas y obliga a recalcular tiempos: no rompe el puente, pero instala semáforos.
En esta “trumpeada migratoria” no hay dramatismo inmediato, pero sí una lección: a veces, una pausa administrativa dice más que mil discursos.

















