De la industria alimentaria al vino premium, Juan Bouza creó una filosofía donde calidad y paisaje conviven con proyección internacional.
Por Esteña Press
Juan Bouza: visión, tierra y legado
De la industria alimentaria a posicionar a Uruguay en el mapa del vino premium, Juan Bouza construyó mucho más que una bodega: creó una filosofía empresarial donde calidad, paisaje y proyección internacional conviven. Hoy, su mirada también dialoga con el crecimiento sostenible de la región.
Hablar con Juan Bouza es hablar de decisiones tomadas a contracorriente. Cuando muchos apostaban al volumen, él eligió escala controlada y excelencia. Cuando el vino uruguayo todavía buscaba identidad en el mundo, decidió invertir en calidad, experiencia y territorio.
Desde la consolidación de Bodega Bouza como referente internacional, hasta proyectos que integran paisaje, gastronomía y desarrollo regional, su recorrido no se explica solo en números, sino en convicciones. Empresario meticuloso, observador y estratégico, Bouza ha sido también parte activa de la transformación de la región Este hacia estándares más altos de calidad y propuesta.
En esta entrevista para Esteña Press, conversamos sobre liderazgo, visión, responsabilidad empresarial y el desafío de construir legado en un territorio que crece y se redefine.
Juan, tu recorrido empresarial no empezó en el vino. ¿En qué momento sentiste que ya no se trataba solo de hacer negocios, sino de construir un proyecto con identidad y legado?
Bueno, en 1998 tuvimos la oportunidad de vender una empresa que teníamos que se llamaba La Sibarita. Con mi familia y con mi esposa Elisa queríamos hacer algo vinculado al campo para estar más en contacto con la naturaleza. Analizamos diversos proyectos y vimos claramente que era el vino; además de que nos gustaba el producto, era un producto y un emprendimiento en el cual se podía agregar mucho valor.
Cuando comenzaste con Bodega Bouza, el vino uruguayo todavía no tenía el posicionamiento que hoy vemos. ¿Qué viste antes que otros no estaban viendo?
Bueno, en aquel momento, principios de los 2000, ya había algunas bodegas que tenían productos muy interesantes e incluso que tenían un buen posicionamiento a nivel internacional. Pero también es cierto que la mayoría de las bodegas tenían vinos finos y también vinos comunes. Y bueno, nosotros tomamos la opción de ir exclusivamente por vinos finos y eso tal vez nos permitió crecer con el foco bien puesto en tema de la calidad y la excelencia.
Elegiste crecer priorizando calidad sobre volumen en un mercado que muchas veces mide éxito por expansión rápida. ¿Cómo se sostiene esa convicción?
Bueno, desde el comienzo primero contratamos y luego asociamos a Eduardo Boido, que hoy es nuestro enólogo y nuestro director técnico, y él nos ayudó a fijar la magnitud o el tamaño del emprendimiento. Probablemente si hubiéramos estado solos nos hubiéramos equivocado y hubiéramos hecho una cosa demasiado grande. Pero bueno, con la experiencia y el conocimiento de Eduardo, eso nos dejó bien claro que había que hacer poco pero muy bueno y que lo mejor que nos podía pasar era que este vino se agotara.
¿Cómo defines tu estilo de liderazgo? ¿Eres de los que están en cada detalle o de los que construyen equipos y delegan con confianza?
Bueno, yo creo que el liderazgo depende del momento, de la empresa, de la compañía, de la organización. Al principio se necesita estar en cada detalle, se necesita estar creando la cultura de la organización y eso lo hacen principalmente los líderes. Te diría que no se puede delegar y ahí hay que estar al firme muchas, muchas horas y en todos los detalles. Con el tiempo la cultura se empieza a impregnar, la cultura organizacional se empieza a impregnar en las personas, sobre todo si tuviste el cuidado y la habilidad de elegir gente buena. Y luego viene la etapa de dejar que los demás también aporten, los demás presentan sus ideas y esa te diría que es la etapa más disfrutable.
La experiencia enoturística y gastronómica en tus proyectos transformó la forma en que muchos viven el vino en Uruguay. ¿Fue una estrategia pensada desde el inicio o una evolución natural del proyecto?
Prontamente nos dimos cuenta que con el tamaño de nuestro emprendimiento, digamos, los métodos tradicionales de publicidad o de marketing no iban a ser viables porque teníamos poco vino para vender, entonces los canales de comunicación iban a terminar siendo demasiado costosos y bueno, ahí optamos por el boca a boca y para eso no hay nada mejor, que la gente visite tu emprendimiento, que conozca a las personas que están atrás, que pruebe el vino, que coma algo, pero sobre todo que sea bien atendido, que se sienta cómodo y esa experiencia se asocia al producto de manera muy fuerte.
La región Este ha evolucionado mucho en los últimos años desde tu mirada empresarial, ¿qué necesita hoy para consolidarse como un polo de calidad durante todo el año y no solo en temporada?
Bueno, la zona Este del Uruguay, sí, como tú decís, ha crecido enormemente en proyectos, muchos de ellos todavía están en la etapa inicial y hay algunos proyectos grandes, bien organizados, cada día hay más interés, creo que están dando una muy buena mano a tener turismo todo el año, no solo turismo del exterior, sino también turismo nuestro, de los propios uruguayos; todavía falta mucho. ¿Y cuál es la limitante? Como en casi todas las actividades empresariales siempre son las personas, el conocimiento, la buena onda, las ganas, la ilusión, siempre es esa limitante.
Empresarios como tú influyen en el estándar regional, arquitectura, servicios, propuesta cultural, ¿sientes esa responsabilidad cuando encaras un nuevo proyecto?
Bueno, tal vez soy un poco responsable porque no siento esa responsabilidad. Las cosas que hago las hago con mucha ilusión, sin demasiado miedo, me considero una persona de suerte, nos ha ido bien, nos hemos juntado con gente que también tiene esa ilusión y como que las cosas salen de manera bastante fluida.
En desarrollos como Agreste la naturaleza ocupa un lugar central más allá de lo inmobiliario, ¿qué te motivó a impulsar un modelo donde el entorno es protagonista y no simple escenario?
Bueno, si bien yo vengo de un entorno ciudadano, hace ya unos cuantos años que vivo en el campo y aprendiendo a disfrutarlo y a quererlo, eso sí me genera una gran responsabilidad de preservarlo. Al mismo tiempo creo que Uruguay tiene valores muy buenos y muy destacables y en la medida que los sepamos cuidar, vamos a tener un futuro muy alentador.
Tu familia participa activamente en los proyectos, ¿cómo se construye una empresa que trascienda generaciones sin perder esencia ni exigencia?
Estamos en eso. No es una tarea fácil, a veces hay que acudir hasta la ayuda de algún psicólogo o algún coach que nos ayude, que nos dé herramientas; no hay que tener miedo a eso. Los temas familiares y de convivencia tienen sus dificultades, pero bueno, entre gente buena y gente que se quiere, cuando las cosas se hablan, la solución aparece.
Después de tantos logros y reconocimientos, ¿qué te sigue desafiando hoy como empresario y como persona? ¿Dónde sientes que todavía hay algo por conquistar?
Hay algo por conquistar. Bueno, empresarialmente seguramente hay muchos, muchos aspectos, pero hoy por hoy estoy más preocupado en conquistar mi paz, mi tranquilidad y mi paz.
¿Qué legado te gustaría dejar en la región? ¿Un negocio exitoso, un estándar de calidad o una forma distinta de entender cómo se desarrolla un territorio?
Creo que lo último es lo que más me identifica, una forma distinta de cómo se desarrolla un territorio, un lugar, y cuando digo un territorio es ser lugar, pero también es la gente, o sea, cómo lograr un desarrollo que sea sostenible, que sea amigable y donde la gente pase bien, donde pasen bien los que vienen a trabajar y también pasen bien los visitantes. Eso me entusiasma, me desafía.

















