Hace poco, en una conversación con un equipo directivo, alguien dijo: “Hoy el líder tiene que hacer de todo”. Y es cierto. Pero tal vez la pregunta más importante no sea qué hace un líder, sino desde dónde lo hace.
Por Julieta Sullivan
| Hablemos de Liderazgo |
Lo que sostiene todo lo demás
Hace poco, en una conversación con un equipo directivo, alguien dijo: “Hoy el líder tiene que hacer de todo”. Y es cierto. Pero tal vez la pregunta más importante no sea qué hace un líder, sino desde dónde lo hace.
El reconocido experto en liderazgo y profesor de la Universidad de Michigan, Dave Ulrich, propone un modelo donde existen cinco grandes dominios del liderazgo:
- El líder como estratega, que da dirección y sentido, inspirando con una visión entusiasmante. Le da forma al futuro.
- El líder como ejecutor, que asegura resultados creando un ambiente de trabajo ágil y positivo. Permite que el cambio suceda.
- El líder como gestor de talento, que lidera con empatía, emoción, energía y experiencia. Conecta y moviliza personas.
- El líder como desarrollador de capital humano, que empodera a los empleados e institucionaliza el cambio sostenible. Construye la siguiente generación.
Pero hay un quinto dominio —menos visible y, sin embargo, decisivo—: lo que él llama Personal Proficiency, que describe al líder que se cuida a sí mismo para poder cuidar a los demás. Invierte en sí mismo. Me gusta pensarlo como solidez personal o madurez interior del líder.
Porque, al final, todo lo demás se apoya ahí.
Un líder puede tener una gran estrategia, pero sin solidez personal no genera confianza. Puede lograr resultados, pero no sostenerlos en el tiempo. Puede liderar equipos, pero no inspirarlos de verdad.
Ulrich plantea seis prácticas muy concretas para desarrollar esta dimensión:
Primero, tener claridad de valores y vivirlos. No alcanza con decirlos: se notan en cada decisión.
Segundo, enfocarse en agregar valor a otros. El liderazgo deja de ser sobre uno mismo y pasa a ser sobre el impacto en los demás.
Tercero, aprender constantemente. La curiosidad y la capacidad de adaptarse ya no son opcionales.
Cuarto, asumir responsabilidad y generar accountability. Los buenos líderes comparten los logros, pero se hacen cargo de los errores.
Quinto, actuar con coraje y humildad. Decidir cuando hace falta, pero sabiendo que no tenemos todas las respuestas.
Y sexto, gestionar las tensiones del liderazgo: corto y largo plazo, control y autonomía, estabilidad y cambio. No se trata de elegir, sino de equilibrar.
En un mundo cada vez más incierto, lo que más necesitamos no son líderes perfectos, sino líderes internamente sólidos.
Porque cuando el líder está bien parado, todo lo demás encuentra su lugar.
Y quizás ahí esté el verdadero desafío del liderazgo hoy: no solo hacer mejor, sino ser mejor.
Julieta Sullivan
Directora Independiente & Coach Ejecutiva de Mujeres en posiciones de liderazgo
















