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Hablemos de liderazgo: del valor al comportamiento

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Hoy quiero invitarte a mirar algo que muchas veces damos por hecho en las organizaciones: los valores.

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Profesionalmente, me desempeño como directora independiente, board advisor y coach ejecutiva. Life-long learner, curiosa, lectora empedernida, amante de los deportes y el aire libre, y orgullosa madre de cuatro hijos.

– Hablemos de liderazgo –

Del valor al comportamiento

Bienvenidos a una nueva entrega de nuestra serie «Hablemos de liderazgo». Hoy quiero invitarte a mirar algo que muchas veces damos por hecho en las organizaciones: los valores.

Todas las empresas tienen valores definidos. Están en la web, en las paredes, en las presentaciones institucionales. Pero te hago una pregunta: ¿cómo se ve ese valor en la práctica? ¿Cómo se traduce en una reunión, en una decisión compleja o frente a un error que alguien comete?

Hace un tiempo leí Culture by Design, de David Friedman, y me hizo mucho sentido una idea central del libro: no alcanza con definir valores; hay que definir comportamientos. Porque son los comportamientos —claros, concretos y observables— los que realmente generan cultura. Veamos algunos ejemplos.

Muchas empresas declaran “respeto” como uno de sus valores. Pero el respeto no es una palabra; es no interrumpir cuando otro habla. Es no descalificar ideas en público. Es llegar preparados a una reunión porque valoramos el tiempo del otro. Eso es respeto visible.

O pensemos en el valor “compromiso”. Compromiso no es una intención. Es hacer lo que dijimos que íbamos a hacer, en el tiempo acordado. Y si no llegamos, avisar antes. Es asumir un error sin buscar culpables. Eso es compromiso en acción.

Y qué decir de la “excelencia”, tan mencionada en tantas organizaciones. Excelencia no es una aspiración abstracta. Es revisar el trabajo antes de entregarlo. Es pedir feedback cuando algo es importante. Es no conformarse con un “más o menos” cuando sabemos que podemos hacerlo mejor.

Cuando el valor se convierte en conducta concreta, la cultura deja de ser una intención y se transforma en una forma de actuar.

Ahí es donde cambia la claridad. Todos saben qué se espera de ellos. Ahí es donde cambia la responsabilidad. No desde el control, sino desde el ejemplo. Y ahí es donde cambia el estándar. Porque lo que se define con precisión se puede sostener y también se puede exigir.

Nada de esto es teórico. Son comportamientos concretos, acordados y sostenidos en el tiempo, que terminan impactando en cada decisión y en cada vínculo.

Si querés empezar, no hace falta cambiar todo de golpe. Elegí uno o dos valores con tu equipo y pregúntense: ¿cómo se ve esto en la práctica? ¿Qué conductas específicas lo representan? Escríbanlas. Háganlas visibles. Y sosténganlas.

Porque la cultura no es lo que declaramos. Es lo que repetimos. Y cuando repetimos comportamientos de alto nivel, el nivel del equipo inevitablemente cambia.

Julieta Sullivan

Directora Independiente & Coach Ejecutiva de Mujeres en posiciones de liderazgo

www.julietasullivan.com

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