Vivimos tiempos de cambio y transformación, y con ellos también se redefine el rol de la mujer. Sin embargo, incluso siendo más libres que antes ¿realmente somos libres?
Por Soledad Ordeix
Mujeres reales, vidas reales: el nuevo lujo es ser auténtica
Marzo es el mes que representa a la mujer. Un mes en el que escuchamos y vemos una gran cantidad de mensajes vinculados a la lucha, a la visibilización y a la búsqueda de igualdad dentro de una sociedad que aún se encuentra desbalanceada en muchos aspectos. Pero ¿y si no se tratara solo de un mes? ¿Y si fuera algo cotidiano, presente en lo diario, de lo que muchas veces no somos del todo conscientes?
Vivimos tiempos de cambio y transformación, y con ellos también se redefine el rol de la mujer. Cargamos aprendizajes que se transmitieron de generación en generación; y, afortunadamente, muchas cosas han mejorado. Hoy existe una mayor libertad de expresión para las mujeres, aunque sabemos que no sucede de la misma manera en todas las culturas. Sin embargo, incluso siendo más libres que antes, la pregunta sigue latente: ¿realmente somos libres?
Más allá de los cuestionamientos sociales y de las normas que se han ido rompiendo, aunque todavía queden muchas por derribar, en numerosas ocasiones somos nosotras mismas, junto a todo aquello que habita en nuestro inconsciente colectivo, quienes no nos permitimos desplegar por completo el potencial que vive en cada una. Y aunque mi mirada suele partir desde el vestir, hoy el foco está puesto en el sentir. Porque, sin dudas, lo que es adentro es afuera. Muchas veces nos limitamos por el qué dirán, por lo que pensarán los demás o por las posibles consecuencias externas.
Pero ¿qué pasaría si soltamos esas narrativas mentales sobre el modelo a seguir, sobre lo que “hay que ser” o “hay que hacer”, y empezáramos a escuchar el latido personal de cada una? Cada mujer es un mundo increíble. Para mí, una verdadera obra de arte: algo que se admira simplemente por existir. Por sus capacidades, por su sensibilidad y por la magia de esa naturaleza sabia que nos permite sentir de una manera única.
Entonces, ¿y si en lugar de compararnos, de intentar alcanzar o igualar otros modelos, buscáramos conectar con nuestra esencia natural y con ese potencial interno que nos hace ser quienes somos? ¿Y si desde ahí construyéramos todo lo demás? Ser mujer es, personalmente, una de las cosas más increíbles que existen. La fuerza femenina que el mundo necesita, la sutileza, la amorosidad y la belleza que vemos en la naturaleza también habitan en cada una de nosotras.
Cuando eso se traslada a la vida real, se refleja en la admiración entre mujeres, en la libertad de caminar sin buscar encajar ni pertenecer, simplemente siendo quienes realmente somos, vibrando con nuestra propia esencia. Tal vez el estilo empiece ahí: en elegir lo que nos representa, lo que nos hace sentir cómodas y libres.

















