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Las señales que modelan el metabolismo

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El impulso habitual es cambiar los inputs: la alimentación, el movimiento, la disciplina. Pero el metabolismo no está gobernado solo por lo que ingerimos

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Las señales que modelan el metabolismo

Llega febrero y muchas personas empiezan a cuestionar su metabolismo: por qué la energía se siente irregular, por qué el peso parece más resistente, por qué el azúcar en sangre resulta más difícil de estabilizar que antes. El impulso habitual es cambiar los inputs: la alimentación, el movimiento, la disciplina. Pero el metabolismo no está gobernado solo por lo que ingerimos. Está modelado por señales.

A nivel fisiológico, la salud metabólica está profundamente influenciada por el sistema nervioso. La sensibilidad a la insulina no es solo una respuesta a los carbohidratos; también está modulada por el cortisol, la calidad del sueño, el ritmo circadiano y el estrés percibido. Cuando el cuerpo detecta amenaza —ya sea por presión crónica, subalimentación o un ritmo de vida implacable— se adapta conservando energía en lugar de liberarla.

Esto explica una paradoja frecuente: personas que comen bien y se ejercitan de forma constante, pero aun así se sienten “estancadas” metabólicamente. El problema rara vez es el esfuerzo. A menudo es la señalización. Un sistema nervioso en estado de vigilancia altera el manejo de la glucosa, incrementa la resistencia a la insulina y orienta al cuerpo hacia el almacenamiento en lugar de la reparación.

Se ha demostrado que niveles elevados de cortisol reducen la sensibilidad a la insulina a nivel celular, dificultan la captación de glucosa por el músculo y favorecen la producción hepática de glucosa, incluso sin un exceso de ingesta calórica.

Lo más interesante es cuán rápido esto puede empezar a cambiar. Estudios en fisiología metabólica muestran que la regulación del sistema nervioso —a través del sueño, la exposición a la luz y la respiración— mejora la sensibilidad a la insulina independientemente de las calorías consumidas. El cuerpo responde no solo a lo que comemos, sino a las condiciones en las que vivimos.

Aquí es donde la presencia se vuelve práctica. Comer sin distracciones, permitir pausas entre el estrés y el descanso, exponerse a la luz de la mañana: pequeños gestos que recalibran la comunicación hormonal. Reducen la interferencia del cortisol y permiten que la insulina haga su trabajo de forma más eficiente.

La salud metabólica tiene menos que ver con el control y más con la coherencia. Cuando las señales se alinean —seguridad, ritmo, nutrición— el cuerpo suele autorregularse con mucha más inteligencia que cualquier plan impuesto desde afuera.

Dr. Kathryn Dundas M.D., C.C.F.P. | CEO and Medical Director

hello@asublimelife.ca | @a.sublime.life & @dr.k.dundas



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