Punta del Este concentra hoy algunas de las mayores inversiones del país en real estate, hospitalidad, arte y turismo de alta gama.
Por Esteña Press
La inversión habla inglés
Punta del Este concentra hoy algunas de las mayores inversiones del país en real estate, hospitalidad, arte y turismo de alta gama. Torres residenciales con capital extranjero, hoteles de bandera internacional, propuestas gastronómicas globales y circuitos culturales de proyección regional configuran un ecosistema cada vez más sofisticado. Sin embargo, detrás de ese dinamismo persiste una brecha silenciosa que condiciona su impacto social: el dominio del inglés entre los jóvenes uruguayos.
En América Latina, menos de un tercio de la población declara contar con un nivel funcional de inglés, y la región continúa rezagada en los principales índices internacionales de competencia lingüística. Uruguay, pese a su estabilidad institucional, apertura económica e histórica vocación internacional, no es ajeno a ese problema. El inglés forma parte del sistema educativo formal y del discurso sobre empleabilidad, pero el acceso desigual a formación de calidad sigue marcando diferencias profundas entre quienes pueden pagarlo y quienes no.
La consecuencia es económica. El bajo dominio del idioma limita el acceso de miles de jóvenes a empleos mejor remunerados, a estudios en el exterior y a sectores estratégicos como tecnología, servicios profesionales, comercio internacional y turismo global. En un país que busca escalar en cadenas de valor internacionales, la lengua se convierte en una infraestructura tan crítica como la digital o la logística.
Punta del Este es un caso paradigmático. La ciudad se consolidó como hub de inversión extranjera, pero ese crecimiento exige talento local capaz de integrarse a equipos multiculturales, negociar, gestionar y crear valor en entornos globalizados. Sin inglés, la inversión corre el riesgo de generar empleo, pero no desarrollo.
En este contexto regional surge Global Growth Academy (GGA), una plataforma edtech que se lanzará en febrero y que apunta a democratizar el aprendizaje del inglés en América Latina, incluido Uruguay. Su propuesta combina tecnología accesible, metodologías prácticas y acompañamiento docente, con foco en jóvenes que hoy quedan fuera del sistema privado.
“Uruguay tiene un enorme potencial de inserción internacional, pero existe una brecha importante entre quienes acceden a una formación de calidad en inglés y quienes no”, afirma Kristof Henningsson, cofundador de GGA. “El inglés no debería ser un privilegio, sino una herramienta concreta de movilidad social”.
La evidencia acompaña: el aprendizaje de un segundo idioma mejora la empleabilidad, fortalece habilidades cognitivas y aumenta la adaptabilidad cultural, competencias cada vez más valoradas por empresas e instituciones educativas.
En un país que apuesta a atraer inversión y talento, la pregunta ya no es si el inglés importa, sino si Uruguay puede darse el lujo de seguir tratándolo como un bien desigual. Porque, en la economía global, la inversión llega, pero las oportunidades solo se quedan cuando alguien puede traducirlas en futuro.


















