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La tecnología no elige bandos

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La inteligencia artificial permite que un equipo pequeño haga el trabajo que antes requería uno enorme.

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Soy Martín, ingeniero y apasionado por la tecnología y la innovación. Lideré una travesía inédita recorriendo la Ruta Panamericana, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, en dos autos eléctricos y autónomos Tesla. Creo firmemente que la tecnología de punta tiene el poder de transformar lo que hoy parece imposible en el estándar del futuro.
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La tecnología no elige bandos

Este artículo es la traducción de un texto de William Clark, un viejo amigo y especialista en ciberseguridad aplicada al liderazgo y a la toma de decisiones. Me pareció una forma muy clara y honesta de entender qué está cambiando realmente con la inteligencia artificial, más allá de la moda y del hype.

Leverage Cuts Both Ways, by William Clark

La inteligencia artificial permite que un equipo pequeño haga el trabajo que antes requería uno enorme.

También permite que alguien con malas intenciones actúe con la fuerza de una organización criminal.

Dos caras. La misma herramienta.

Cada salto grande en capacidad humana sigue el mismo patrón.

El automóvil hizo que la distancia dejara de ser un problema.

Los médicos llegaron a pacientes en pueblos aislados.

Los vendedores recorrieron territorios que antes llevaban semanas.

Las familias pudieron verse cuando antes solo se escribían cartas.

Pero alguien vio el otro lado primero.

Mary Ward. Irlanda, agosto de 1869. Un carruaje a vapor. Ruedas de hierro.

Una muerte, incluso antes de que la gasolina fuera lo habitual.

El daño no fue teórico. Fue inmediato.

Y no fue el único costo.

Robo de vehículos. Escapes más rápidos. Contrabando a gran escala.

Una nueva movilidad para quienes tenían malas intenciones.

La misma máquina. En manos distintas.

La IA hizo barato el esfuerzo.

Hoy equipos pequeños crean productos que antes exigían departamentos enteros.

Investigadores condensan décadas de trabajo en minutos.

Emprendedores redactan, corrigen y producen sin depender de horas facturadas.

Y del otro lado de esa misma fuerza:

Tareas de reconocimiento que antes tomaban semanas ahora se hacen en horas.

Mensajes persuasivos que antes requerían dominio del lenguaje y la cultura hoy se logran con un prompt.

Entender cómo funciona una empresa, quiénes son sus socios y cuáles son sus procesos antes requería información interna; hoy muchas veces está a un clic.

La misma capacidad. Con intenciones distintas.

Entonces, ¿qué hacemos con todo esto?

Cuando hay turbulencia en un avión, primero te ponés tu propia máscara.

No porque estés mal.

Sino porque no podés ayudar a nadie si no podés respirar.

Acá pasa lo mismo. No necesitás volverte experto en IA.

Necesitás entender tu negocio.

Saber qué es lo importante. Cuáles son las prioridades. Cómo funcionan tus operaciones. De qué dependen tus alianzas.

Qué lo hace andar. Qué lo hace crecer. Qué lo vuelve único.

La mayoría de los líderes ya sabe esto de manera intuitiva.

Solo que no lo había pensado como una forma de poder.

Ese conocimiento es la base para ambos lados.

Cuando sabés qué importa, podés ver dónde la tecnología realmente te ayuda a construir.

Y también dónde todo se vuelve frágil primero.

La misma base. Dos direcciones.

Primero ordená tu casa.

Después, ponete curioso.

Cuando tenés claridad, aparecen los huecos.

La claridad convierte el miedo en preguntas.

Las preguntas se vuelven exigencias.

Y las exigencias cambian las reglas.

CISA lo llama secure by design.

La seguridad tiene que venir incluida desde el origen.

Si un sistema solo es seguro cuando el cliente es brillante, entonces no es seguro.

Es una forma elegante de trasladar el riesgo.

El automóvil no creó personas mejores ni peores.

Solo hizo que la distancia dejara de ser un obstáculo.

Eso permitió que los médicos llegaran a más pacientes.

Y que los criminales llegaran a más víctimas.

La IA tampoco creó personas mejores ni peores.

Solo hizo que el esfuerzo dejara de ser un obstáculo.

Eso significa que hoy podés construir más rápido que nunca.

Y que otros pueden atacar con más fuerza que nunca.

La misma fuerza. La misma máquina. En manos distintas.

La moneda no se puede partir.

No podés quedarte con el lado bueno y rechazar el malo.

Solo podés diseñar sistemas que asuman que ambos existen.

Y exigir que quienes construyen herramientas para vos también lo asuman.

Las herramientas cambian. El juego no.

Conocé tu negocio.

Después, ponete curioso.

Ahí es cuando la IA deja de ser ruido

y empieza a ser verdaderamente útil.

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