El nuevo régimen de promoción de inversiones entra en vigor en febrero y obliga a repensar cómo, dónde y para qué se invierte en Uruguay.
Por Esteña Press
Invertir, pero mejor
El nuevo régimen de promoción de inversiones entra en vigor en febrero y obliga a repensar cómo, dónde y para qué se invierte en Uruguay. Desde Punta del Este, la pregunta es concreta: ¿estamos listos para jugar en esa liga?
A veces las políticas públicas se sienten abstractas. Pero este febrero, cuando el nuevo decreto de promoción de inversiones empiece a regir, su impacto se podrá leer en obras, empleos y decisiones que se toman —silenciosas— en oficinas, estudios contables y directorios, también aquí, en Maldonado.
El Decreto 329/025 reescribe las reglas del juego: ya no alcanza con invertir; hay que invertir mejor. El Estado prioriza empleo de calidad, descentralización, exportaciones y sostenibilidad. En otras palabras, no solo cuánto, sino cómo y para qué.
Para Punta del Este y su área de influencia, donde conviven desarrollos inmobiliarios de alto porte, turismo premium, servicios tecnológicos emergentes y un hinterland agroproductivo sofisticado, el mensaje es claro: se premia la inversión que deja huella estructural, no solo estética.
Los beneficios siguen siendo potentes: exoneraciones de IRAE, patrimonio, importaciones no competitivas y devolución de IVA. Pero ahora la lupa está en la trazabilidad de los activos, en la coherencia técnica de cada proyecto y en su aporte real a la productividad. Incluso los intangibles —software, servicios profesionales— entran en escena, siempre que sean decisivos para poner en marcha tecnología estratégica. Una señal inequívoca hacia la industria 4.0, también aplicable a hoteles, logística portuaria, real estate inteligente o gestión ambiental.
El empleo mantiene el mayor peso en la matriz, con un giro social: se pondera especialmente la contratación de jóvenes, mujeres y colectivos con dificultades de acceso al mercado laboral. Y Montevideo queda sin puntos por descentralización: el interior pasa al centro del tablero. Para Maldonado, históricamente tensionado entre estacionalidad y sofisticación, es una oportunidad para pensar inversiones que generen trabajo todo el año.
Las mipymes reciben un impulso concreto: más puntos de exoneración y más plazo para usarlos. Y aparece un carril rápido para grandes inversiones —más de 30 millones de dólares— con posibilidad de exonerar hasta el 100% del IRAE si cumplen exigencias claras en empleo e innovación. Un guiño directo a proyectos transformadores, no meramente expansivos.
El mensaje de fondo es político y económico a la vez: crecer sí, pero con sentido estratégico. Invertir sí, pero con impacto medible. En una ciudad que vive de anticiparse —al clima, al mercado, a las tendencias—, este nuevo régimen no es solo una herramienta fiscal: es una invitación a diseñar el futuro con más cabeza que cemento.
Tal vez allí esté la verdadera oportunidad para Punta del Este: dejar de ser solo un destino donde se invierte, para convertirse en un lugar donde se piensa la inversión. Porque, al final, no se trata solo de atraer capital, sino de merecerlo.
















